lunes, 30 de agosto de 2010

El asedio, de Arturo Pérez-Reverte


Pese a leer casi todo lo que este magnífico escritor ha creado, curiosamente desde que empecé con este blog no había reseñado nada de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Ahora relleno ese hueco. Un blog literario no podía olvidarse de uno de los escritores más prestigiosos y afamados de las letras castellanas. Buena parte de su obra podría encuadrarse en el género de la novela histórica de época moderna o contemporánea (la saga de Alatriste es sin duda una de las joyas de la literatura contemporánea), en el que es ya un auténtico experto. "El asedio" (2010) cierra una trilogía (junto con "Cabo Trafalgar" y "Un día de cólera") dedicada a uno de los períodos más interesantes de la historia de España, el de la guerra contra Inglaterra, la guerra de independencia (1808-1814), la revolución liberal, la Constitución de Cádiz, etc. Un momento clave en el que la historia de España podría haber sido distinta de lo que finalmente fue. Este conjunto de novelas constituyen la visión particular de Pérez-Reverte de los momentos clave (o no tanto) de ese período: la derrota de Trafalgar, el 2 de mayo, el asedio de Cádiz. Es su homenaje a aquellos que, sin saberlo, estuvieron en los episodios que después otros, como Benito Pérez Galdós, han convertido en símbolos de la historia reciente de España.
El asedio es una novela magnífica. No por lo que tiene de encuadre histórico (estamos en 1811, durante el asedio francés a la ciudad en la que las Cortes están "pariendo" la Constitución, la "Pepa"), en eso Reverte no deja muchos cabos sueltos, sino porque a veces lo más difícil es hacer que los personajes sean creíbles, que nosotros como lectores sintamos que efectivamente esas personas pensaban y actuaban así y que no podía ser de otra manera. Eso es tan difícil de conseguir que muchas novelas históricas fracasan porque rebosan erudición pero no tienen alma.
Cádiz como escenario, como un tablero de ajedrez, comparación a la que el escritor recurre constantemente, reúne a diferentes tipos de personajes que se entrelazan para crear un círculo que se cierra al final de forma casi perfecta (lo de casi lo digo porque el final es tiene puntos amargos). El comisario Rogelio Tizón, corrupto, pero no más que muchos de su época, acostumbrado a las viejas maneras de hacer las cosas, obsesionado con un asesino que mata mujeres jóvenes en sincronía con las bombas francesas que caen sobre la ciudad. Un juego macabro de difícil solución para el comisario que le lleva a estar perdido sin ninguna pista a la que agarrarse mas que conjeturas. Al otro lado de la bahía, un artillero francés, Simón Desfosseux, perfeccionista, también con su propia obsesión: conseguir que las bombas lleguen lo más lejos posible y que exploten. Su problema son las distancias, los ángulos, el viento, y todo aquello que pueda influir en el alcance del proyectil. Sin saberlo, también se verá envuelto en la trama criminal. Por otro lado, el taxidermista Gregorio Fumagal, espía para los franceses porque Francia significa la libertad y el fin de los males que aquejan a España, la ociosa aristocracia y el pérfido clero.
Por otro lado, el mundo del comerico marítimo, a la que Cádiz debe su prosperidad, lo representa Lolita Palma, una joven solterona que lleva con inteligencia y prudencia el negocio heredado de su padre. Su mundo se altera cuando se encuentra con el capitán Pepe Lobo, que trabajará para ella como corsario al mando de la balandra Culebra. Es Pepe Lobo un personaje muy "revertiano", si se me permite el calificativo. Un marino por obligación, solitario, hastiado de tantas cosas, poco dado a la chulería y el pavoneo de muchos militares españoles, que frecuentan las tabernas de Cádiz pero que no asoman la cabeza donde hay disparos. Es un hombre valiente con un punto de héroe cansado y lleno de amargura, que no duda en arriesgar su vida donde es casi imposible salvarla, alguien que se viste por los pies, como le gusta a Pérez-Reverte.
Otros personajes secundarios (Hipólito Barrull, Felipe Mojarra, Ricardo Maraña, etc.) completan un cuadro en el que Cádiz es testigo de muchos cambios políticos y económicos que están por venir, y que harán que después de la guerra España quede sumida en la pobreza, la ruina y el atraso.
Esta novela compedia historia, misterio, crónica social y política de una época señalada en los libros, y deja una sensación de que a veces no necesitamos a franceses o ingleses para "jodernos" a nosotros mismos. Los españoles somos así, la cagamos cuando luchamos y nos dejamos la sangre por un rey ignorante y traicionero (Fernando VII) que lo único que quería era volver al obsoleto absolutismo.
No faltan, para ir acabando, algunas de las perlas que Reverte suele dedicar a franceses o a nuestros "aliados" ingleses en la guerra. Esto dice uno de los españoles de los arrogantes ingleses:
"Acosando a la Regencia y a las Cortes para que levanten todas las restricciones a su libre comercio con América. Buscando su avío, como suelen, y fieles a su política de no consentir nunca un buen gobierno en ningún lugar de Europa..."
Magistral. De todas formas, hay para todos: los españoles son unos indisciplinados, aunque se baten con crueldad cuando hace falta ("Es que nadie se pone de acuerdo y cada uno va por su lado"); en lo político dice: "con Constitución o sin ella, el español seguirá siendo un cautivo degradado, desprovisto de alma, razón y virtud, a quien sus inhumanos carceleros jamás permiten ver la luz".
Por último, el comisario, a las puertas de una nueva época, reflexiona para sus adentros:
"Rogelio Tizón... sabe que con franceses o sin ellos, con reyes absolutos, con soberanía nacional o con Pepa la cantaora sentada en San Felipe Neri, cualquiera que mande en España, como en todas partes, seguirá necesitando cárceles y policías".

jueves, 12 de agosto de 2010

Trece salvas de honor, de Patrick O'Brian


La entrega número trece de las aventuras de Aubrey y Maturin se titula "Trece salvas de honor" (1989), y es una novela con muchos de los ingredientes de anteriores libros pero con algunas diferencias. Me explico. Los lugares comunes siguen estando presentes: la minuciosa descripción de la vida en un barco de guerra de la Armada inglesa durante las guerras napoleónicas, que incluye una utilización exhaustiva de términos marinos, como no podía ser de otra forma, aunque reconozco que después de 13 entregas todavía me resulta difícil (o muy difícil) identificar los diferentes tipos de velas, los palos, las cuerdas, etc., etc., que las juanetes y las sobrejuanetes sé que son velas pequeñas que se encuentran en la parte alta del velamen del barco, pero poco más. De todas formas, la culpa es mía, porque cada libro incluye un glosario de términos marinos y alguna vez le he echado una ojeada. Como ya dije en una anterior reseña, es muy útil conocer las partes de un barco para entender mejor la vida marinera pero creo que no es imprescindible. Me encantan estas novelas de las guerras napoleónicas ambientadas en el mar pero no por ello se exige ser un experto marino para disfrutar de ellas.
Los otros ingredientes indispensables son esa fascinación de Maturin por conocer fauna y flora de los lugares que descubre, habitual entre los naturalistas de finales del XVIII y del XIX, y por otro lado los episodios de espionaje que jalonan esta entrega.
En este libro, Aubrey es rehabilitado como capitán de la Armada y recibe inmediatamente una misión: llevar en la Diane (abandona momentáneamente su querida Surprise), un barco francés que él mismo había capturado, una misión diplomática para negociar con el sultán de Pulo Prabang, en Malasia, un contrato comercial con la Compañía de Indias. También los franceses por su parte intentan lo mismo, y entre la misión francesa van dos espías de nacionalidad inglesa que trabajan para los franceses, y a los que Maturin odia especialmente. El viaje a Malasia ocupa buena parte de la novela aunque son los capítulos finales los más interesantes: los movimientos diplomáticos para convencer al sultán, las reuniones entre Maturin y el naturalista holandés Van Buren, con el que diseccionará algún que otro bazo (humano), la excursión de Maturin al templo de Kumai y el descubrimiento de animales que le fascinan, especialmente el orangután; la sutil manera de trabajar de Maturin, un nacionalista irlandés, el mejor cirujano de la Armada, un espía accidental, un defensor de la independencia de Cataluña respecto a Castilla, mi personaje favorito, sin duda alguna; la consecución del tratado comercial, que engrandece la arrogancia del diplómatico inglés, Fox, y que dificulta las relaciones con Maturin y Aubrey.
No hay batallas navales en esta novela, pero tampoco hacen falta porque lo importante es adentrarse en el mundo de los barcos de guerra, en la fascinación por descubrir nuevos animales y nuevas plantas, en definitiva, por la aventura de viajar y explorar nuevos territorios. Es verdad que las intenciones de los ingleses no son simplemente de un interés naturalista y científico, lo que les mueve en aquellas aguas es el comercio, es una suerte de imperialismo comercial que todavía no ha evolucionado a la siguiente fase, el imperialismo territorial de finales del siglo XIX, ahora lo único que interesa es establecer relaciones comerciales preferenciales, más adelante se buscará la conquista territorial.
Lo que me gusta de O'Brian es que ni todos los franceses son villanos ni los ingleses son unas hermanitas de la caridad, en la guerra no todo es blanco o negro, y es Maturin quien siempre sabe distinguir el color gris de las cosas.
El final es sorprendente porque es difícil ver a Aubrey en verdaderos apuros pero cuando la Diane se adentra en aguas de las que no se tienen cartas marinas, puede pasar lo que pasa...
Como siempre una delicia de novela, qué pena que vayan quedando ya menos entregas (unas siete).

martes, 27 de julio de 2010

Los límites de la Fundación, de Isaac Asimov


Foundation's Edge (1982) fue la continuación a la gran trilogía de ciencia-ficción dedicada a la Fundación escrita por Isaac Asimov, 32 años después de la primera entrega. Tras leer la primera trilogía sabíamos que, caído el imperio galáctico, existían dos fundaciones, la Primera Fundación, poderosa en tecnología, y futuro segundo imperio, según el Plan Seldon, y la Segunda Fundación, centrada en la "mentálica", y de nuevo oculta en el planeta Trántor, capital del antiguo imperio, cuya misión también es velar por el cumplimiento del Plan Seldon. El "psicohistoriador" Hari Seldon había predicho estudiando las reacciones generales de amplios grupos de seres humanos ante determiandos estímulos a través de las matemáticas que el período de interregno entre el primer imperio y el segundo imperio se reduciría de 30 mil a mil años si se seguía el plan trazado por él. Es decir, Seldon predijo los cambios sociales e históricos de los siguientes siglos (algo hoy por hoy imposible).
Bien, esta cuarta entrega (y penúltima) comienza cuando han pasado 500 años de interregno, queda justo la mitad para la implantación del segundo imperio. La Primera Fundación ha extendido sus dominios en la galaxia y se siente fuerte, pero la alcaldesa de Términus, Harla Branno, sospecha que la Segunda Fundación todavía existe en secreto y es un peligro para la Primera. El consejero Golan Trevize, con su compañero de aventuras el historiador Janov Pelorat, se embarcará en una misión para, supuestamente, descubrir el planeta original, aquel donde se surgió el ser humano, la Tierra, de la que solo quedan algunos mitos y leyendas.
Como es una historia que no se centra en un personaje o una línea narrativa, también entra en juego la Segunda Fundación, que por medio del orador Stor Gendibal y su compañera Sura Novi, tratará de averiguar la verdadera misión de Trevize y salvar a la Segunda Fundación del peligro que se cierne sobre ella, ya que descubre que el Plan Seldon parece estar vigilado por una fuerza aún más poderosa que la Segunda Fundación.
Entre las dos Fundaciones, un planeta enigmático, Gaia, que encierra algunos secretos sobre el "final" de la Tierra, y que parece atraer a todos los protagonistas de la aventura a un final inesperado. Gaia es un elemento no previsto por las dos Fundaciones, como lo fue la aparición del Mulo. Trevize será quien tenga que tomar la decisión que afectará a todos y que puede llevar al final del Plan Seldon.
La novela también sirve para que Asimov exponga las tres Leyes de la Robótica y su teoría sobre un único planeta en toda la galaxia capaz de generar la vida humana: "Vivimos en un universo donde la Tierra es el único planeta capaz de desarrollar una ecología compleja, una especie inteligente, y una avanzada tecnología, no porque la Tierra tenga algo especial, sino porque dio la casualidad de que se desarrollara en la Tierra y en ningún otro sitio".
Tal vez no haya sido la historia más entretenida de las que he leído sobre la Fundación, es verdad que la novela gana en interés conforme avanza la trama, y el final es bueno (tenía que acabar de esa manera), pero le falta algo...

viernes, 9 de julio de 2010

La conquista de Alejandro Magno, de Steven Pressfield


The Virtues of War (2004), del escritor nacido en Port of Spain (Trinidad), Steven Pressfield, es una novela fascinante de la primera a la última página. Supongo que el cambio de título en castellano se explica para enganchar más compradores ya que Alejandro Magno es una figura histórica muy atrayente para el lector avezado y para el que no lo es tanto en la historia de la Antigüedad. Cuando leí Puertas de Fuego (1998), sobre la batalla de las Termópilas, cuya reseña puede leerse en este blog, ya dije que había descubierto un excelente narrador de la guerra en el mundo antiguo. Este libro me lo confirma.
Los capítulos están titulados con las virtudes de la guerra: la voluntad de luchar, el afán de gloria, el dominio de sí mismo, la vergüenza ante el fracaso, el desprecio por la muerte, la paciencia, el instinto de matar, el amor por los camaradas y el amor por nuestros enemigos.
La novela cuenta toda la campaña de Alejandro Magno en Asia, aunque comienza con una magistral descripción de la batalla de Queronea. Quien cuenta y describe todo es el propio Alejandro en persona, y además en presente, relatando todo lo que ha pasado desde Queronea hasta el 326 a.C., cuando el ejército de Alejandro se encuentra en el río Hidaspes, dispuesto a entablar su última batalla, y el rey le cuenta a uno de sus pajes, Itanes, todas las peripecias del mejor ejército que haya conocido el mundo antiguo. Por cierto, en 2006 Pressfield publicó La campaña afgana, una novela que todavía no he conseguido y que describe la campaña de Alejandro Magno en Afganistán (el sentido didáctico y la comparación con la forma en la que el ejército estadounidense está haciendo la guerra en ese país es muy oportuna).
Lo más sobresaliente de la novela son sin duda las descripciones de batallas: Queronea, Granico, Iso, Gaugamela. Son un auténtico manual para estudiosos de la historia militar, de la forma de luchar de la falange macedonia, de la disposición en el campo de batalla, del análisis de las fuerzas enemigas, sus puntos débiles, del conocimiento de la capacidad de los generales, tanto propios como enemigos. He disfrutado como un enano con estas batallas, porque Alejandro explica todo lo que hace y por qué lo hace.
Es una novela que se centra en el aspecto más militar de la campaña de Alejandro en Asia, son más bien secundarios las cuestiones políticas y culturales de la conquista de Asia. Es un novelón si lo que uno busca son batallas, y aquí se describen las principales, las que hicieron de Alejandro un genio militar, probablemente el mayo genio militar de la historia hasta Napoleón.
El capítulo 6 (La paciencia) es un auténtico manual del arte de la guerra (como el de Sun Tzu): "No hay ninguna arma en la guerra superior a la velocidad", "todas las tácticas en la guerra convencional buscan obtener un único resultado: abrir una brecha en la línea enemiga", "sé conservador hasta el momento crucial. Luego golpea con toda la violencia de que dispongas", "solo necesitamos ganar en una parte del campo, siempre y cuando esta sea la decisiva".
También encontramos interesantes reflexiones sobre el arte de la guerra:
"El oficial recién nombrado cree que el rey manda a su ejército. ¡Ni de lejos! El ejército lo gobierna. Debe alimentar su apetito de novedad y aventura, mantenerlo en condiciones y confiado (pero no demasiado, so pena de que se vuelva insolente), disciplinarlo, mimarlo, recompensarlo con botines y premios pero hacer todo lo necesario para que se lo gaste en bebidas y mujeres, de forma que esté ansioso por marchar y combatir de nuevo".
"La guerra es teatro, y la esencia del teatro es el artificio. Lo que mostramos es lo que no haremos. Lo que no mostramos es lo que haremos."
"Después de una batalla, un hombre herido se siente solo y abandonado.... Es frecuente que un hombre herido crea que ha fracasado... Un hombre herido se siente disminuido y desconsolado, pero por encima de todo se siente mortal. Ha olido el aliento del infierno y siente que la tierra se abre debajo de él."
Las más interesantes reflexiones son aquellas relacionadas con la guerra de guerrillas entre un ejército convencional y las tribus afganas. Alejandro sabe cómo hacer la guerra a estas tribus y reorganiza el ejército para hacerlo más ligero, móvil y autónomo (como las fuerzas romanas en los siglos IV-V d.C. que deben defender un extenso limes en el Rin y el Danubio). Todo lo referente a Afganistán suena a didáctica para las tropas estadounidenses que no pueden acabar con las tribus afganas. Pressfield está diciendo: "así lo hizo Alejandro". Solo que Alejandro solo contemplaba un camino para lograr la victoria: el exterminio, nunca la negociación. "Para vencer, tienes que ser más terrible que ellos. La persecución es la esencia de la guerra contra el lobo [los afganos], y con esto me refiero a una persecución que solo acaba cuando se acorrala y se mata al último enemigo". Lo que pasa es que en el mundo antiguo el exterminio de pueblos era un hecho aceptado, hoy en día eso es genocidio y es un crimen contra la humanidad.

Decir que esta novela es absolutamente recomendable es quedarme corto, es imprescindible si te gusta la historia de la guerra en el mundo antiguo.

miércoles, 30 de junio de 2010

Llibre de meravelles, de Vicent Andrés Estellés


Aquest poemari, llegit en temps d’estudiant i rellegit en diverses ocasions per pur plaer, és un dels llibres més destacats de la literatura en català. Amb el nom de Llibre de meravelles –el títol té òbvies ressonàncies lul·lianes-, l’obra va ser escrita entre 1956 i 1958, encara que no va ser publicada fins el 1971. Vicent Andrés Estellés (Burjassot, 1924 – València, 1993) va ser escriptor i periodista, i segurament el poeta valencià més destacat del segle XX. Va rebre el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes l’any 1978 i de les Lletres Valencianes el 1990, a més d’atorgar-li la Medalla d’Or de les Belles Arts del Ministeri de Cultura a títol pòstum.

A molts dels poemes que hi ha al Llibre de meravelles, trobem descrit l’ambient de la ciutat de València durant la postguerra. Es tracta d’un passeig poètic i sentimental (i en el fons completament enamorat) per la València bruta i trista de la guerra i els anys posteriors a aquesta. Estellés és un poeta que intenta donar una idea de la vida quotidiana més que dels fets històrics, i és per açò –entre d’altres coses-, pel que els temes de l’amor i el sexe obtenen una gran atenció. En aquesta obra exemplar destaca l’ajustada compenetració del llenguatge quotidià i corrent, així com una visió popular o des del poble, tractant uns temes considerats eterns en la tradició poètica i les abundants referències cultes que apareixen al llarg del Llibre.

Aquesta crònica de la realitat quotidiana emmarcada entre els anys més cruels de la dictadura franquista són una finestra oberta a la València del poeta. Estellés no idealitza, descriu la vida com és, com ell la veu. Llegir i rellegir a Estellés com he dit anteriorment, és un esclat de sensacions, és reconèixer els sentiments del poeta en vivències pròximes, és gaudir de l’estètica dels versos. Personalment dels poemes que més m’agraden d’aquest llibre són: Els amants o Fundacions de la ràbia. Deixe aquí un tast d’aquest últim per a aquells que no el conegueu,


FUNDACIONS DE LA RÀBIA


Lentament edifique i dolorosament

aquest cant, que és un cant, més que d’amor, de ràbia,

d’una ràbia que funda les dinasties bíbliques,

d’una ràbia que crea, més que els versos, els pobles.

És la ràbia d’un poble o la ràbia d’uns pobles

creuats de banda a banda pel senyal de la guerra,

una vida precària, un amor clandestí,

les paraules ocultes cautament als calaixos,

tot allò que no fou possible i és possible,

i hauria estat possible, però no fou possible,

com si únicament ara l’aigua arribàs a l’àtic.

No ens podíem besar si no era ocultament,

i si no ens sorprenia la Moral d’uniforme

i si era a la platja la Moral a cavall.

Hòmens d’ordre vigilen de reüll el que escrius,

els hòmens que s’han fet grossos en la postguerra.

Hem pecat per això, perquè no se’ns deixava

existir plenament, amar-nos plenament

amb aquell impudor que la vida demana,

aquell amor capaç de fondre tots els ploms,

rebentar les perilles, deixar el món a fosques.


domingo, 27 de junio de 2010

Tatuaje, de Manuel Vázquez Montalbán


La primera novela en la que apareció Pepe Carvalho como detective privado, creación de Manuel Vázquez Montalbán, fue Tatuaje (1974), una novela corta que iba a poner los cimientos de esa fructífera relación entre Carvalho y los ávidos lectores de novela policíaca que se prolongaría durante más de dos décadas hasta la repentina muerte del escritor en 2003.
Pepe Carvalho, de origen gallego, ex agente de la CIA y ex marxista, es un detective privado que vive y trabaja en Barcelona, mantiene una estrecha relación con una prostituta, Charo, y habita una casa en Vallvidrera donde para encender la chimenea (en verano), va quemando libros de la biblioteca (tiene 3000 libros, ¡y llega a quemar el Quijote!). Recibe un encargo bastante extraño: un propietario de una peluquería quiere que Carvalho averigüe la identidad de un cadáver que ha aparecido en la playa, con el rostro desfigurado, y un tatuaje que dice "He nacido para revolucionar el infierno". Solo con estos datos, Carvalho seguirá la pista de Barcelona a Amsterdam, ciudad que tiene enamorado al detective (¿y a quién no?) por sus calles, sus canales, la zona "roja", la gastronomía... En Amsterdam se encuentra con dos emigrantes españoles que han ido a trabajar y a ahorrar "unas pesetas para volver a España", miran los escaparates del Barrio Rojo porque es gratis pero no pueden permitirse entrar. "Ser español es duro", llega a sentenciar Carvalho.
La gastronomía marca el ritmo de la investigación y de la vida de Carvalho, éste no come como hábito rutinario sino que disfruta comiendo, en la comida se halla uno de los placeres de la vida, el otro son las mujeres. "Carvalho comía con ese entusiasmo inmutable que caracteriza a los gourmets eficaces y poco dramáticos... Carvalho contenía sus emociones íntimas en parte porque los goces solitarios siempre le habían parecido intransferibles... Un camarero es un fino analista psicológico y en cuanto descubre en tus ojos el éxtasis se te acerca, te pide de viva voz que se lo confirmes y te mira los bolsillos del alma y del cuerpo con una complicidad de compañero de goce que para él no será orgasmo hasta que le dejes un quince por ciento de la nota en concepto de propina".
Para las mujeres, Carvalho tiene una postura: "Si quería ligar debía ir por las buenas a un cuerpo de alquiler o a una larga escaramuza verbal de dudoso resultado. Le fastidiaba todo el ceremonial previo, toda la etapa de persuasión. Este tipo de comunicación debiera ser automático. Un hombre mira a una mujer y la mujer dice sí o no. Y a la inversa. Todo lo demás es cultura."
Mujeres y comida son los puntos cardinales de un detective treintañero que creará escuela en otros escritores (véase el comisario Montalbano de Camilleri). Vázquez Montalbán demostró que se podía hacer buena literatura policíaca española y narró la Transición desde los ojos de un detective escéptico pero entrañable.

"Los museos le producían alergia, tal vez como compensación al pasado encantamiento, a las pretéritas adoraciones por su silencio catedralicio y el sucesivo éxtasis ante tanto valor convencional. Cambiaba a todo Rembrandt por un culo femenino hermoso o un plato de spaghetti a la carbonara".

Una novela para disfrutar.

domingo, 20 de junio de 2010

Troya, de Gisbert Haefs


La primera novela, y única curiosamente, que he leído del prestigioso escritor alemán Gisbert Haefs (1950) fue "Aníbal" hace unos años y me encantó. Sin embargo, no había leido nada más de este especialista en voluminosas novelas históricas ambientadas en la Antigüedad ("Alejandro", "El jardín de Amílcar", "La primera muerte de Marco Aurelio", "César, las cenizas de la República"). Las lecturas siguieron otros caminos aunque nunca olvidé el que recorrí tan gratamente. Ahora he vuelto a Haefs para leer Troya (1997), una visión particular de la epopeya griega contada por Homero en La Ilíada, que pasa por ser una de esas historias apasionantes que nunca nos cansamos de contar.
Pero Haefs tiene la maestría de no ser repetitivo (para contar la guerra ya está Homero), es al contrario muy original porque la guerra de Troya se convierte en un detallado análisis de la situación geopolítica en el Mediterráneo oriental a finales de la Edad de Bronce y principios de la Edad del Hierro, en torno al siglo XII a.C. Asiria, el imperio hitita, Egipto, las ciudades cananeas, el reino de Arzawa, Acaya, las islas del Egeo, todos estos territorios influyen de alguna manera u otra en el destino de una rica ciudad a las puertas del Mar Negro, Troya, anhelada por los aqueos occidentales por su valor comercial.
A los personajes históricos, como el rey Agamenón, el tonto Menelao, el astuto Ulises, el bravucón Aquiles, etc., Haefs añade de su imaginación unos personajes entrañables que son en realidad el nudo de la narración, y de entre ellos, el verdadero protagonista es el comerciante asirio Awil-Ninurta, el cual acabará siendo testigo directo de la absurda guerra que aqueos y troyanos mantienen por el supuesto rapto de Helena por parte de Paris. Haefs deja bien claro que todo el mundo sabe que Helena huyó con Paris porque se aburría con Menelao, y que los aqueos ya planeaban una incursión hostil en Troya para hacerse con el control del comercio con las tierras que circundan el Mar Negro ("En general, había acuerdo en que la historia de la reina huida era sólo un pretexto, adecuado tan sólo para estimular a los combatientes de a pie, que creían en el honor y cosas por el estilo").
El relato de la guerra de Troya lo conocemos por las "cartas" y narraciones de Ulises y Corinnos, un cronista que cuenta la historia al comerciante egipcio Djoser. Pero más que la guerra lo que importa en esta novela son las consecuencias económicas que una guerra puede ocasionar en el sistema comercial tan complejo del Mediterráneo oriental, tanto en forma de beneficios como de perjuicios.
La prosa de Haefs es exquisita, hay párrafos que son verdadera poesía, y aunque al principio me resultó un poco difícil adaptarme a la utilización de topónimos antiguos en asirio (Babilu es Babilonia, Kefti es Creta, Kupiriyo o Alashia es Chipre, Muqannu es Micenas, Sidunu, Tameri, etc.), luego terminas acostumbrándote.
Qué difícil es volver a contar una historia cuyo final ya conocemos de una manera tan conmovedora y original, centrada en entrañables personajes inventados (es genial Awil-Ninurta) que son testigos de lo que personajes históricos hicieron.
Dejo algunos fragmentos que muestran la prosa de Haefs:
"Tu aliento -dijo él, interrumpiéndose una y otra vez- es sésamo y menta fresca..., tus labios, el estrujón de miel e higos maduros..., tu lengua, el chupetón de Ishtar...".

"En el amor hay que llegar tarde. En los negocios, hay que quedarse a tiempo. De la guerra, hay que irse a tiempo. Ése es el secreto para sobrevivir."