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sábado, 24 de diciembre de 2011

La soledad del manager, de Manuel Vázquez Montalbán

Es La soledad del manager (1977) una novela policiaca corta pero escrita de forma deliciosa, casi poética, por un Manuel Vázquez Montalbán que disecciona con maestría una época histórica especialmente interesante, la llamada Transición a la democracia en España. Y lo hace con los ojos del detective privado, antes agente de la CIA, Pepe Carvalho, un trasunto digno del Marlowe de Raymond Chandler. Acompañado de secundarios muy principales como su ayudante (y cocinero) Biscuter, de su "novia" Charo, una prostituta con mucho encanto, o su limpiabotas habitual, Bromuro (obsesionado con la idea de que en el agua y en el pan nos echan bromuro para dejarnos atontados), Carvalho describe con ojo crítico la convulsa situación política y social de una Barcelona que empieza a despertarse del letargo franquista y a adaptarse poco a poco, con temor y precaución, a los nuevos aires de democracia tímida y frágil. 
Estamos en 1977 (un año en el que "un perro se había muerto de tristeza en el Japón porque su dueño no había vuelto a casa"), Carvalho recibe el encargo de una joven viuda de investigar la muerte de su marido, Antonio Jaumá, manager de una empresa multinacional con muchos intereses económicos y políticos ocultos, el investigador deberá conocer a fondo, a través de los viejos amigos del fallecido, el ambiente de una oligarquía económica que se prepara para seguir mandando en la nueva situación política, son los que ganaron dinero en la corrupta dictadura franquista, y quieren, con la democracia, continuar con su liderazgo social y enriquecimiento material. Aunque alguno de los amigos de Jaumá, como Núñez, tenga un ideario izquierdista, y no comulgue con las maniobras de la burguesía industrial catalana para perpetuar su preponderancia económica y social, lo cierto es que Carvalho observa desencantado cómo la oligarquía económica, antes franquista, ahora democrática porque toca, juega al juego del miedo a la extrema derecha (se mencionan los asesinatos a los abogados laboralistas) y a la extrema izquierda (las continuas manifestaciones de izquierdistas en las Ramblas, el GRAPO y la ETA) para perpetuarse en el poder con una nueva etiqueta, el "centro derecha". Lo cuenta Montalbán en 1977 y en ese contexto concreto, pero no me digan que esta acertada disección de la realidad no es aplicable en la situación económica actual: Biscuter pregunta qué quiere decir Carvalho con "desestabilizar" y éste aclara: "Creas la sensación de que el poder no controla la situación y de que el sistema político no sirve para garantizar el orden... Casi siempre en favor del propio poder, que así obtiene coartadas y cheques en blanco para hacer lo que le pasa por los cojones y como le pasa por los cojones".
Mucho me recuerda Carvalho al Philip Marlowe de Chandler, porque no deja de ser otro detective pesimista y cínico, crítico con la sociedad corrupta, con un punto de idealismo. Incluso Carvalho llega a plantearse a quién imitar, a Bogart interpretando al Marlowe de Chandler, a Alan Ladd en los personajes de Hammet (como el detective Sam Spade). Aunque Carvalho tiene unos rasgos que le hacen tener una personalidad muy propia (y que Camilleri homenajea constantemente con las novelas protagonizadas por el comisario Montalbano): es un amante fiel de la buena cocina (y abundante: "Cuando Gracián escribió que "...lo bueno, si breve dos veces bueno" no pensaba en la comida o bien se trataba de uno de esos mugrientos intelectuales de mierda capaces de alimentarse de sopas de letras..."), disfrutando de su pericia en los fogones, solo o acompañado de su vecino, o saboreando buenos platos en restaurantes escogidos. Sus menús no son precisamente minimalistas, y para muestra un botón: "Una tortilla de ajos tiernos para empezar, un plato de "múrgulas" con vientre de cerdo para continuar y finalmente un bacallà a la llauna previo a un plato de frambuesas". Eso es comer bien. Los momentos relacionados con la cocina le permiten un alto en el camino muy saludable, para relajarse, reflexionar o conversar.
Un hombre que siempre enciende la chimenea de su casa de Vallvidrera, tanto en invierno como en verano, utilizando libros de su selecta biblioteca, sobre todo aquellos que son "trascendentales" para la literatura ("Buscó La crítica de la razón dialéctica de Lefevbre, Así se templó el acero de Ostrovski y Ensayos sobre Heine de Sacristán"). El propio Carvalho lo justifica así: "Suelo encender la chimenea con libros trascendentales. Cuanto más pretensión de trascendentalidad, más culpabilidad. Seguro que han conseguido engañar a alguien". Montalbán te adereza el relato no solo con humor negro sino con un humor de sal gorda para deleite del lector, como cuando Carvalho le dice a Biscuter que se busque novia, se vaya de putas o se haga una paja para quitarse esa tristeza. Entonces, Biscuter, ni corto ni perezoso, responde: "Novia, qué dice usted, pues no me propone nada. Y las putas me dan risa. Cuando me dicen: Anda, calvito, tráeme la minina que te la voy a lavar, me entra una risa. Y pajas, qué me dice. Es que no paro. Con una mano, con la otra. Incluso aplico el sistema de la mano dormida. Me tumbo en la cama sobre una de mis manos hasta que se me corta la circulación de la sangre y me queda morcillona. Entonces no parece mi mano, sino otra cosa, y me hago la paja".
Un ex agente de la CIA que es un ferviente antifranquista desde el comunismo ya no tan militante, que pertenece no a la célula de detectives privados del partido comunista, sino "a la célula de gastrónomos". Un charnego integrado en Cataluña, aunque no de los charnegos que odia el contable Alemany, "los verdaderos charnegos son algunos catalanes. Como Samaranch, Porta y otros botiflers que han hecho el caldo gordo al franquismo".
Y como colofón, esta reflexión sobre la cultura a cargo de Carvalho-Montalbán: "Yo saco el mechero [cuando oigo la palabra cultura]. La cultura es guisar con salsas o sin salsas, vivir como un mortal o como un inmortal, prestar a la mujer propia o conseguir la de los demás, es decir, cultura francesa o inglesa, española o americana, esquimal o italiana. Lo que usted llama cultura es ortopedia verbal o letrista".
Como siempre, un deleite leer a Vázquez Montalbán.

domingo, 27 de junio de 2010

Tatuaje, de Manuel Vázquez Montalbán


La primera novela en la que apareció Pepe Carvalho como detective privado, creación de Manuel Vázquez Montalbán, fue Tatuaje (1974), una novela corta que iba a poner los cimientos de esa fructífera relación entre Carvalho y los ávidos lectores de novela policíaca que se prolongaría durante más de dos décadas hasta la repentina muerte del escritor en 2003.
Pepe Carvalho, de origen gallego, ex agente de la CIA y ex marxista, es un detective privado que vive y trabaja en Barcelona, mantiene una estrecha relación con una prostituta, Charo, y habita una casa en Vallvidrera donde para encender la chimenea (en verano), va quemando libros de la biblioteca (tiene 3000 libros, ¡y llega a quemar el Quijote!). Recibe un encargo bastante extraño: un propietario de una peluquería quiere que Carvalho averigüe la identidad de un cadáver que ha aparecido en la playa, con el rostro desfigurado, y un tatuaje que dice "He nacido para revolucionar el infierno". Solo con estos datos, Carvalho seguirá la pista de Barcelona a Amsterdam, ciudad que tiene enamorado al detective (¿y a quién no?) por sus calles, sus canales, la zona "roja", la gastronomía... En Amsterdam se encuentra con dos emigrantes españoles que han ido a trabajar y a ahorrar "unas pesetas para volver a España", miran los escaparates del Barrio Rojo porque es gratis pero no pueden permitirse entrar. "Ser español es duro", llega a sentenciar Carvalho.
La gastronomía marca el ritmo de la investigación y de la vida de Carvalho, éste no come como hábito rutinario sino que disfruta comiendo, en la comida se halla uno de los placeres de la vida, el otro son las mujeres. "Carvalho comía con ese entusiasmo inmutable que caracteriza a los gourmets eficaces y poco dramáticos... Carvalho contenía sus emociones íntimas en parte porque los goces solitarios siempre le habían parecido intransferibles... Un camarero es un fino analista psicológico y en cuanto descubre en tus ojos el éxtasis se te acerca, te pide de viva voz que se lo confirmes y te mira los bolsillos del alma y del cuerpo con una complicidad de compañero de goce que para él no será orgasmo hasta que le dejes un quince por ciento de la nota en concepto de propina".
Para las mujeres, Carvalho tiene una postura: "Si quería ligar debía ir por las buenas a un cuerpo de alquiler o a una larga escaramuza verbal de dudoso resultado. Le fastidiaba todo el ceremonial previo, toda la etapa de persuasión. Este tipo de comunicación debiera ser automático. Un hombre mira a una mujer y la mujer dice sí o no. Y a la inversa. Todo lo demás es cultura."
Mujeres y comida son los puntos cardinales de un detective treintañero que creará escuela en otros escritores (véase el comisario Montalbano de Camilleri). Vázquez Montalbán demostró que se podía hacer buena literatura policíaca española y narró la Transición desde los ojos de un detective escéptico pero entrañable.

"Los museos le producían alergia, tal vez como compensación al pasado encantamiento, a las pretéritas adoraciones por su silencio catedralicio y el sucesivo éxtasis ante tanto valor convencional. Cambiaba a todo Rembrandt por un culo femenino hermoso o un plato de spaghetti a la carbonara".

Una novela para disfrutar.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El escriba sentado, de Manuel Vázquez Montalbán


M. Vázquez Montalbán (1939-2003) va ser un dels escriptors més prolífics, compromesos i polifacètics que ha tingut aquest país en els últims cinquanta anys. Va escriure poesia, assaig, novel·la, i va treballar com a periodista, crític, etc. Conegut sobretot per les seves novel·les policíaques protagonitzades pel detectiu Pepe Carvalho, va destacar en tots els camps que va tractar. Vázquez Montalbán es definia a ell mateix com a “periodista, novel·lista, poeta, assagista, prologuista, humorista, crític, gastrònom, culé i prolífic en general”. Al llarg de la seva carrera va rebre diversos guardons i premis entre els que destaquem: el Planeta (1979), el Nacional de Narrativa (1991), el Premi Europeu de Literatura (1992), el Premio de la Crítica, i el Premio Nacional de las Letras Españolas (1995).

El escriba sentado, és un assaig on l’autor expressa una sèrie de reflexions a propòsit del treball d’escriptor en relació amb el temps històric. Aquestes reflexions no sols les realitza sobre l’escriptura, sinó també sobre l’ofici de llegir, ja que escriptura i lectura s’interrelacionen constantment. Aquesta selecció de notes va anar acumulant-les Vázquez Montalbán al llarg de trenta anys, i encara que amb el temps rellegís als autors dels que tracta i hagués canviat la seua percepció d’aquests o de les seves obres, no va modificar els escrits que donà per bons en altre temps.

Els autors que tracta són gairebé un recorregut pels noms no sols més destacats de la literatura del s. XIX i XX, sinó també dels que més van influir i enriquir la seva formació com a lector i escriptor. Així podem veure capítols dedicats exclusivament a autors com Pío Baroja, Josep Pla, Josep Mª de Sagarra, Juan Marsé o Eduardo Mendoza, així com altres en els quals encara que l’escriptor predominant siga un (Dostoievski, Orwell, Sciascia, etc.), tracta també d’altres autors contemporanis a aquests.

Aquest assaig no sols és una visió molt personal de Vázquez Montalbán sobre diversos i clàssics de la literatura contemporània, sinó que a més trobem una profundització en el moment històric on aquests escriptors realitzen les seves obres. També podem veure com aquests llibres es desenvolupen i influeixen en la societat que els veu nàixer. Es tracta d’un treball interessant on podem trobar el més destacat d’aquests últims dos segles de literatura a tots els nivells, no sols novel·la, sinó també poesia i assaig. I sobretot ens ajuda a reflexionar que un escriptor i la seva obra són producte en part, del seu temps però sobretot de les seves vivències.

viernes, 3 de julio de 2009

Los mares del sur, de Manuel Vázquez Montalbán


La primera vez que descubrí a Pepe Carvalho fue curiosamente por la tele. Vi algunos capítulos de una serie llamada "Pepe Carvalho" que TVE emitió hace unos años, protagonizada por Juanjo Puigcorbé. No recuerdo cómo acabó la serie. Evidentemente no sabía que la serie se basaba en novelas, y que éstas eran de Manuel Vázquez Montalbán.
Cuando Vázquez Montalbán murió en el aeropuerto de Bangkok en octubre de 2003 todavía no había leído nada de él, pero el fuerte impacto de su muerte en España, y en Cataluña sobre todo, reflejaba el cariño y la admiración que se le tenía como escritor y ensayista, además de ser un empedernido culé y un crítico gastronómico de primera.
Vázquez Montalbán, periodista, licenciado en Filosofía y Letras, militante del PSUC, y muchas más cosas, se ganó un prestigioso nombre como escritor de novelas policíacas en los 70 y durante los 80 y 90 con su Pepe Carvalho y su fiel servidor Biscuter. En 1995 fue Premio Nacional de las Letras Españolas, un premio más que merecido. Es una pena que haya tardado tanto en sumergirme en este grandísimo escritor, pero ya he cogido carrerilla, hace poco me leí "Asesinato en el Comité Central", que yo creía la primera novela protagonizada por Carvalho, una novela escrita en 1981 que destripa con minuciosidad los entresijos del Partido Comunista de España.
Buscando comenzar por el principio, como debe hacerse con un autor que es fiel a unos personajes durante muchas entregas, me compré Los mares del sur, novela que fue Premio Planeta en 1979 (viendo la trayectoria de los Premio Planeta, parece ser que antes sí se premiaba lo bueno), y que he leído o mas bien devorado, descubriendo que tampoco es la primera novela de Carvalho (es Yo maté a Kennedy, de 1972; luego le sigue Tatuaje, de 1974, y antes de llegar a la que reseño, La soledad del manager, de 1977), pero no importa.
No importa porque Los mares del sur se disfruta como una novela que no necesita de un antes para conocer al detective. Ambientada en la Barcelona de 1979, recién estrenada la democracia, a las puertas de una municipales, y con los ecos de los Pactos de la Moncloa, Carvalho investiga el asesinato de Stuart Pedrell, un empresario burgués enriquecido con la construcción que según la familia había decidido huir a los "mares del sur", ese viaje que en su día Gauguin realizó dejándolo todo atrás para empezar una nueva vida.
Montalbán describe una Barcelona de dos caras, la burguesa, empresarios encantados de haberse conocido, enriqueciéndose con la construcción de nuevos barrios obreros en el extrarradio de la ciudad, construidos con pésimos materiales, sin disponer de servicios básicos como un centro de salud, escuelas, etc.; mientras que la otra cara es el propio barrio obrero de San Magín y su problemas, habitado por una clase obrera desencantada. Enmedio de los dos mundos, Carvalho, un detective que vive solo, en Vallvidrera, que disfruta como nadie de los placeres de la gastronomía, que es fielmente acompañado como si de un Watson se tratara de Biscuter, que mantiene una relación larga, aunque no exclusiva, con Charo, una prostituta que quiere a Carvalho pero no puede dejar su trabajo porque "es lo único que sabe hacer".
Lo mejor de esta novela son las reflexiones de Montalbán, en boca de Carvalho, sobre la nueva etapa democrática y la Barcelona de finales de los 70 que no sabe a dónde ir, la sensación de que las cosas van a cambiar, que la ciudad va a cambiar muchísimo en los años 80, y que Carvalho va a tener trabajo. Tampoco falta el humor, la historia de la mujer que se acuesta con uno de la ETA no tiene desperdicio.
No me extraña que Camilleri se convirtiera en un admirador de Montalbán, no en vano su personaje se llama Salvo Montalbano y es también, como Carvalho, un degustador de la comida, porque Carvalho sabe disfrutar de los placeres de la vida, el buen comer, las mujeres, los libros (bueno, en realidad Carvalho quema regularmente su biblioteca para alimentar la chimenea, eso sí que duele).
El final refleja esa característica tan de la burguesía, el aparentar siempre, el callar lo que pasa de puertas adentro, aunque sea un desastre como familia. También la clase obrera tiene historias familiares tristes pero se presupone.
"¿Llora? En la pregunta de Carvalho había una mal controlada ironía. La viuda casi masticó la respuesta airada.
- Usted es de los que se creen que los ricos no tenemos sentimientos.
- Los tienen. Pero menos dramáticos. Todo lo que sufren les cuesta menos o pagan menos."
Lo dicho, un placer leer a Vázquez Montalbán, es novela policíaca de la buena.