domingo, 23 de junio de 2013

Una mortaja para el arzobispo, de Peter Tremayne

Peter Berresford Ellis (1943, Coventry, Inglaterra) es un historiador y novelista que con el seudónimo de Peter Tremayne escribió una serie de misterio que tenía como protagonista a una monja irlandesa del siglo VII d.C. llamada Sor Fidelma. Conocedor profundo de la cultura celta y de la historia de Irlanda, su incursión en la novela histórica no podía ser de otra forma. 
Este campo que combina la novela histórica y el misterio es muy fecundo y ha dado frutos memorables con la creación de eventuales investigadores como el Guillermo de Baskerville de Umberco Eco (El nombre de la rosa) o más profesionales como el Gordiano el Sabueso de Saylor o el Falco de Davis. 
¿Pero una monja irlandesa, de 28 años, versada en leyes, intuitiva, despierta, atractiva e incluso con conocimientos en lucha personal? Uno podría imaginarse cualquier otro tipo de investigador, más anciano/a, más sabio/a... Es, por lo menos, original.
Debería haber comenzado por el principio de la saga, el primer libro publicado en 1994 y titulado Absolución por asesinato, pero por cosas del azar, escogí el segundo de la serie: Una mortaja para el arzobispo (1995), y asumiendo que Sor Fidelma y el clérigo sajón Eadulf que la ayuda en sus pesquisas ya se conocían de la aventura anterior, la novela puede leerse sin dificultades como una historia independiente. 
Desde 1994 hasta 2008, el escritor ha publicado en total 18 historias dedicadas a Sor Fidelma.
Aunque las historias de Fidelma y Eadulf (¿un trasunto de Holmes y Watson?) están ambientadas en Irlanda, ésta que reseño se desarrolla en Roma, a donde Fidelma se ha trasladado para recibir la aprobación del Papa a la regla de su convento. Allí se encuentra con su amigo Eadulf, con tareas de scriptor en la corte papal. Ante el asesinato del obispo sajón Wighard, que iba a ser nombrado arzobispo de Canterbury, Sor Fidelma recibe el encargo de resolver el misterio antes de que se produzca un conflicto entre la iglesia irlandesa y la sajona (ya que el supuesto asesino es un monje irlandés). 
En las investigaciones aflorarán conflictos latentes durante los primeros siglos del cristianismo, a saber, la rivalidad entre el cristianismo celta y el catolicismo romano, el rol principal de las mujeres en la cultura irlandesa en contraposición con el secundario en otras culturas (recuérdese que ella es juez), las críticas al mercadeo de reliquias falsas que hay en Roma (cuestión que resultará esencial para que Lutero, siglos después, rompa con el catolicismo), la cuestión del celibato (que no es obligatorio en esa época pero sí recomendable, aunque Sor Fidelma lo considera una elección personal que no debería convertirse en un dogma religioso), el problema de la esclavitud en el siglo VII, las ambiciones de poder dentro de la jerarquía eclesiástica, etc.
Muchos temas importantes tratados con mesura y que vienen a complementar la investigación de Sor Fidelma, que recoge pistas con la metodología Poirot de Agatha Chirstie, es decir: primero se realizan entrevistas individuales, y tras sucederse varios acontecimientos que complican la trama (o sea, más asesinatos), el investigador ata cabos, reúne a todos en una habitación y relata la sucesión de hechos y señala al culpable que está presente en la sala. 
De esta forma resolverá el caso de manera sorprendente, ya que en este tipo de novelas, el autor lleva al lector por un camino equivocado, haciéndole creer en una cosa, para acabar sorprendiéndole al revelar a un asesino inesperado, a veces con la trampa de informaciones que no se nos comunican abiertamente salvo al final. Es un método que a Agatha Christie le funcionó de maravilla y que ha sido aplicado por Tremayne con hábil acierto.
Una novela entretenida para el que sea fan de la novela histórica y de misterio. Pero recomiendo empezar por el principio...

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