miércoles, 16 de abril de 2014

La muerte visita al dentista, de Agatha Christie

Agatha Mary Clarissa Miller (1890-1976), más conocida como Agatha Christie, consagró el reinado del género detectivesco durante buena parte del siglo XX gracias a sus inmortales Hércules Poirot y Miss Marple. Cuando en 1920 escribe su primera novela, ya se nos presenta a un distinguido belga con una intuición innata y un don para estar en el lugar indicado, que normalmente suele ser el escenario del crimen. Poirot se hizo imprescindible en muchas de sus novelas más exitosas pero llegó un momento en que incluso el personaje le resultó "insufrible". Poirot "trabajó" como detective accidental hasta 1975, la última novela en la que apareció, pero si no supiera este dato no me sorprendería ver en La muerte visita al dentista (1940) un Poirot crepuscular que recibe críticas por doquier, como si su creadora se vengara de la esclavitud a la que le somete su personaje. Poirot se comporta como un "detective burgués y reaccionario", "superior en muchos aspectos a los demás mortales". 
El egocentrismo de Poirot le lleva a plantearse con suma tranquilidad la resolución de un caso del que el propio investigador acaba reconociendo que le desconcierta. Agatha Christie, que siempre manifiesta un humor muy british, nos pone ante la tesitura de "alegrarnos" de la muerte de un dentista, como si se tratara de una dulce venganza de todos aquellos que acobardados vamos al dentista esperando noticias malas o deseando sufrir solo lo justo. Hasta Poirot tiene que reconocer que el dentista le acongoja. Casualidades de la vida, o no, el día que se arma de valor para visitar al médico, éste aparece asesinado. Como en muchas de las novelas de Agatha Christie, el caso es el típico de "habitación cerrada", es decir, el asesino solo puede estar entre los que estuvieron en la consulta ese día (véase otros ejemplos de "espacio cerrado" como la magistral Asesinato en el Orient Express). Seguidamente toca la ronda de entrevistas con los sospechosos, de los que Poirot extrae sus datos: horas, vestimenta, estado de ánimo, etc. Todo interesa a Poirot, aunque a nosotros como lectores no nos parezca interesante (normalmente Christie juega también con nosotros y nos pone delante detalles importantes camuflados entre datos insignificantes para que nos devanemos los sesos). Normalmente, la autora suele jugar al despiste, presentándonos con luces de neón al principal sospechoso cuyos indicios son bien claros. Sin embargo, Poirot siempre duda, siempre cuestiona, siempre se plantea el siguiente axioma: si los indicios no encajan en una teoría perfecta, la teoría es falsa.
Así, poco a poco, se nos conduce de la mano hacia el desenlace, como casi siempre, desconcertante y sorprendente para el lector, aunque no para Poirot. Está claro que el refinado detective belga no ha perdido facultades pero falta algo de frescura en la metodología, y por si fuera poco la trama es más mundana (aunque se mencione el espionaje y se hable del peligro de fascismo y comunismo), no se produce en un tren recorriendo los Balcanes, o en un barco navegando por el Nilo, o visitando las ruinas de Petra, esa época dorada que Poirot y nosotros anhelamos porque al fin y al cabo Agatha Christie nos ponía en ese tren y en ese barco para compartir la aventura de los grandes viajes.
En suma, estamos ante una novela que no puedo considerar de las fundamentales de la autora, pero sirve para pasar un buen rato.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Bruixa de dol, de Maria-Mercè Marçal


Maria-Mercè Marçal (Barcelona, 1952-1998), poeta, traductora, narradora, professora de Llengua i Literatura Catalanes, feminista, dona compromesa amb el seu país,... va ser cofundadora l’any 1973 juntament amb una colla d’amics –també poetes joves com ella- de l’editorial Llibres del Mall, que va treure a la llum l’obra d’aquests autors i la d’altres poetes com J. Brossa o M. Martí i Pol i traduccions de l’obra de Baudelaire.
Coneguda és la seua divisa presentada en el seu primer llibre de poemes (Cau de llunes) on parla del seu triple compromís polític: “A l’atzar agraeixo tres dons: haver nascut dona,/ de classe baixa i nació oprimida./ I el tèrbol atzur de ser tres voltes rebel.” Si en aquesta primera obra s’hi fan referències a qüestions polítiques i socials, a Bruixa de dol ho seran quasi de manera exclusiva de temàtica feminista.
Després de Cau de llunes (1977), el segon llibre de poemes publicat per l’autora va ser Bruixa de dol (1979). Si bé la producció de Marçal és majoritàriament de tipus poètic: Sal oberta i Terra de mai (1982), La germana, l’estrangera (1985), o Llengua abolida (1973-1988) obra completa publicada en 1989 on es fa un recull de la seua obra al temps que s’inclouen els llibres inèdits Escarsers (1980-1982) i Desglaç (1984-1988), i l’obra Raó del cos publicada de manera pòstuma (2000), convé destacar que també va conrear gèneres com la novel·la, La passió segons Renée Vivien (1994), l’assaig amb el recull Sota el signe del drac (2004) o la traducció. Va rebre diferents guardons al llarg de la seua carrera: premi Carles Riba (1976), premi Carlemany (1994), Crítica Serra d’Or (1995), Joan Crexells (1995), Prudenci Bertrana (1995), Institució de les Lletres Catalanes (1996), tots aquests últims per la seua novel·la.
El títol del llibre de poemes (molts d’ells sonets) Bruixa de dol, està influenciat pel llibre de sonets de J. V. Foix Sol, i de dol però també de les cançons populars. Els temes dels quals tracta l’obra són: l’experiència amorosa i sexual, la solitud, la reivindicació del moviment feminista i la denúncia de les desigualtats entre homes i dones. La lluna, la pluja, l’ombra, però sobretot la bruixa, són elements femenins dins el llibre. Aquesta última va de dol per les repressions patides al llarg de la història.


El llibre està dividit en diversos blocs: “Foc de pales”, “Tombant”, “Foguera joana”, “Bruixa de dol”, “Avui les fades i les bruixes s’estimen”, “Els núvols duien confetti a les butxaques”, “Sense llops ni destrals” i “Vuit de març”. La lectura dels poemes ha estat un plaer que recomane i del qual, estic segura, tornaré a gaudir en pròximes relectures, per aquesta raó vull compartir alguns dels seus versos:

Com un peix sense bicicleta
cerco el meu cor entre les ones.
Alço la copa on mor la lluna
en vi molt dolç.

M’he emborratxat de solitud.


Perquè venies sense armes
t’he obert les set portes del castell
i cap guaita no he deixat rere els merlets.
I he llençat l’anell a l’aigua
perquè un peix, o la lluna,
el guardi en el seu ventre.


Per a acabar m’agradaria recomanar, a banda de la lectura del present llibre, el film col·lectiu Ferida arrel: Maria-Mercè Marçal fet per diferents realitzadores i sota la direcció de Fran Ruvira que es va presentar l’any 2012 a la Mostra Internacional Films Dones Barcelona, un film col·lectiu que ens fa reflexionar sobre “la construcció de la mirada i la identitat femenina”.

jueves, 20 de febrero de 2014

Pompeya, de Robert Harris

Un reportero reconvertido en novelista de éxito, especializado en la novela histórica. No hablamos de Arturo Pérez-Reverte sino del inglés Robert Harris (Nottingham, 1957), quien trabajó para la BBC y para el diario Observer. Comenzó a destacar con la novela titulada Patria (1992), planteando una narración distópica en la que Alemania había ganado la Segunda Guerra Mundial. Le siguió Enigma (1995), la única novela que había leído (hasta ésta que reseño), y que me resultó muy interesante porque hablaba de la famosa máquina de encriptación que los submarinos alemanes llevaban para realizar los mensajes cifrados, y que tantos quebraderos de cabeza dieron al servicio de inteligencia británico. Tiene una adaptación cinematográfica más que aceptable.
A partir de 2003 se mete de lleno en la novela histórica romana, con todo el riesgo que supone ambientar correctamente el mundo romano sin caer en los viejos tópicos. Es en ese año cuando publica Pompeya, la novela que narra la famosa erupción del Vesubio del año 79 d.C., hecho bien documentado por las fuentes literarias (Plinio el Joven) y arqueológicas (excavaciones en Pompeya, Herculano, etc.). Después vendría Imperium (2006), sobre la vida de Cicerón. 
En 2007 publica El poder en la sombra (The Ghost en inglés, sobre un "negro" o escritor contratado para escribir unas memorias), que dio pie a una excelente adaptación cinematográfica dirigida por Roman Polanski titulada The ghost writer.
Volviendo a Pompeya, he de decir que cogía la novela con mucho escepticismo porque no todas las incursiones en la novela histórica ambientada en la Antigüedad son exitosas (recuerdo alguna novela de Manfredi olvidable), pero algo tienen los escritores británicos para aunar una rigurosidad en la documentación y un estilo narrativo muy correcto (Lindsey Davis, Simon Scarrow, etc.).
El argumento se centra en la figura del ingeniero Marco Atilio Primo, responsable del Aqua Augusta, el acueducto que provee de agua a toda la bahía de Nápoles, y que por circunstancias desconocidas no funciona. El problema surge tres días antes del famoso 24 de agosto del 79 d.C. Además, Atilio debe averiguar por qué su predecesor en el cargo ha desaparecido, y lidiar al mismo tiempo con las corruptelas de la oligarquía de Pompeya, encarnada en el constructor (qué oportuno) Ampliato, un liberto que con maneras de cacique dicta la ley en la ciudad y controla a los políticos locales de turno, los Popidio, Cuspio, Holconio y Britio.
Muy bien documentada la parte relacionada con el funcionamiento de los acueductos, y se narran con precisión las sucesivas fases de la erupción del Vesubio (la energía térmica liberada durante la erupción supuso unas 100.000 veces la de la bomba atómica de Hiroshima), a saber, la caída de piedra pómez sobre las calles de Pompeya, la llegada de los gases tóxicos a altas temperaturas: "la marea de fina ceniza de un metro de altura que viajaba tras la ola de fuego inundó la ciudad cubriendo el paisaje y amoldándose a cada detalle de las víctimas. La ceniza se endureció y llovió más piedra pómez. En sus cobijos los cuerpos se descompusieron y con ellos, a medida que pasaban los siglos, también el recuerdo de que alguna vez hubiera existido una ciudad en ese lugar".
En 1748 fue redescubierta la ciudad, siendo el futuro Carlos III rey de Nápoles, y comenzaron las excavaciones para fortuna de los arqueólogos, que pudieron conocer de primera mano cómo era una ciudad romana provinciana que llegó a albergar a 20.000 habitantes. Dos mil murieron aquel 24 de agosto.
En definitiva, una narración entretenida en la que de nuevo, a mi parecer, vuelve a sobrar esa historia romántica que muchos escritores están empeñados en colarnos con calzador. No esperes una gran novela.

domingo, 9 de febrero de 2014

El petit príncep, d'Antoine de Saint-Exupéry

Joan Fuster va dir que “Només hi ha una manera seriosa de llegir, que és rellegir” i tenia tota la raó. En aquest cas es tracta de tornar-ho a fer amb un clàssic de la literatura contemporània considerada per a nens. Tots coneixem i segurament vam llegir de xiquets El petit príncep, però sovint els records de moltes persones amb qui he comentat el tema gairebé sempre és el mateix: els va deixar marca, però de manera negativa. El van trobar avorrit i no l’entenien. Potser la proposta didàctica per part del professor/a d’aquell moment (parle de fa més de 25 anys) no va ser la més adient. Tan se val, aquest conte i el seu personatge intemporal fan d’obligada relectura el text a una edat ja madura.
El Petit Príncep va ser publicat en abril de 1943 –en anglès i francès- a Nova York per l’editorial Reynal & Hitchcock i tres anys després –en 1946, després de l’alliberament de França-, per la francesa Éditions Gallimard. És l’obra més coneguda de l’aviador i escriptor francès Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944). El conte filosòfic i poètic –sota l’aparença d’un conte per a nens- està dedicat al seu amic Léon Werth, on l’autor ens va deixar un missatge universal: no oblidar l’infant que vam ser, tal i com ho recorda en una de les frases a la dedicatòria “Totes les persones grans han començat essent nens. (Però n’hi ha poques que se’n recordin)”.
El Petit Príncep és una obra universal i tot un fenomen cultural, internacional i d’edició, del qual l’any passat es va celebrar el 70è aniversari de la publicació i enguany es commemora el 70è aniversari de la mort del seu autor. És l’obra literària francesa més coneguda al món, traduïda a més de 265 idiomes i de la que s’han fet més de 1.300 edicions, amb més de 145 milions de còpies venudes. Dividit en 27 capítols que expliquen les aventures d’aquest personatge intemporal, l’obra de Saint-Exupéry i el seu protagonista, s’han convertit en una icona dels valors positius i actuals com són: la protecció del planeta i la de la infància, el dret a l’educació, la pau, la tolerància i l’intercanvi cultural.
La història, il·lustrada amb dibuixos del mateix autor, ens conta la trobada entre un xiquet i un aviador –el narrador- que per una avaria al motor ha hagut d’aterrar al desert del Sàhara on intenta reparar l’avió. En aquest paratge, aparentment solitari, se l’apareix al dia següent un xiquet, el petit príncep. A partir d’aquest moment i dels diàlegs que tenen, l’aviador es replantejarà la seua vida d’adult i descobrirà que el petit príncep ve d’un altre planeta (l’asteroide B 612) perquè aquest va contant-li les experiències que ha tingut amb persones grans als diferents asteroides que ha anat visitant (un total de set astres on troba a: el rei, el vanitós, el bevedor, l’home de negocis, l’encenedor de fanals, el geògraf i la Terra) i el seu comportament absurd que no acaba d’entendre. Cada dia l'interès de l’aviador envers el petit príncep i tot allò que conta va creixent, així com l’amistat, la tendresa i l’estima per aquesta curiosa criatura, mentre la reparació del seu avió va perdent importància.
Creat amb un llenguatge senzill, amb la finalitat de ser comprès pels xiquets, el text d’El petit príncep ens mostra la vigència d’una obra que s’ha convertit en clàssic. El conte de Saint-Exupéry ens posa davant la pregunta sobre, què és l’essencial de la vida? I és que front a l’individualisme, la irracionalitat, l’afany de consumisme i possessió que ens arrossega cap a la solitud, el petit príncep proposa l’amor, la pràctica de l’amistat i la generositat per a assolir la felicitat, la imaginació i la senzillesa, l’afany pel coneixement i la recomanació de conservar dins nostre la xiqueta o el xiquet que vam ser.


I com molt bé va dir la guineu al petit príncep: “Només s’hi veu bé amb el cor. L’essencial és invisible als ulls” i així mateix ho va transmetre aquesta dolça criatura a l’aviador: “els ulls són cecs. S’ha de buscar amb el cor”.

sábado, 1 de febrero de 2014

La paciencia de la araña, de Andrea Camilleri

Está empeñado Camilleri en hacernos creer que su comisario Montalbano ya no está para muchos trotes, que su lucidez y su pericia para resolver los casos van perdiendo fuelle y que su salud, aquí sí me lo creo, está un poco tocada desde que en el anterior caso (véase Un giro decisivo) hiciera un sobreesfuerzo físico que casi le cuesta la vida. Evidentemente no es un atleta, y tal vez su corazón no resista grandes emociones, pero no, no me engaña Camilleri: a pesar de todo, Montalbano es una vez más la luz en la oscuridad, la demostración de que su inteligencia, su capacidad de observación y deducción siguen innatas para deleite nuestro.
En La paciencia de la araña (2004), la octava entrega de la serie Montalbano, un convaleciente comisario recibe el encargo de ayudar al dottore Minutolo en la investigación para resolver el secuestro de una chica de la localidad siciliana de Vigàta, lugar en el que siempre se producen los casos que Montalbano acaba resolviendo. Y digo ayudar porque el comisario no se ha incorporado oficialmente a la comisaría pero como si lo hubiera hecho: los habituales Catarella, Augello, Gallo o Fazio están a sus órdenes para lo que el comisario disponga. Hasta el incorregible Catarella, que sigue sin coger bien el teléfono, cumple con su pequeña misión.
Para Montalbano no va a ser un caso normal puesto que al estrés de la propia investigación se une la presencia de Livia, su compañera, en su casa de Marinella, y las discusiones (y reconciliaciones) son habituales a lo largo de la novela, hasta el punto que el comisario acabará sintiéndose ¡aliviado! cuando Livia vuelva a Génova. Hasta tiene poco tiempo para sus habituales degustaciones en la trattoria de Enzo, pero una incursión, a pesar de que se supone que está a dieta, no podía faltar.
La investigación lleva a Montalbano a ese punto en el que consigue ver más allá de lo que los demás ven, como un Maigret o un Poirot (una chica admiradora de Montalbano le suelta: “usted… es mucho mejor que Maigret, que Poirot,…”), y llevar al lector por el buen camino.
Es una novela negra pero con pocos tintes negruzcos, está ausente lo truculento pero nunca faltará una pizca de crítica política (“El muy honorable abogado Gianfranco Petrotto, el actual subsecretario de Interior, condenado una vez por corrupción y otra por prevaricación, y acusado de un delito prescrito. Ex comunista, ex socialista, y ahora elegido triunfalmente por el partido de la mayoría”), humor (siempre aportado por Catarella: “Dottori? Hay al tilífuno uno que dice que es la luna. Y yo, creyendo que era una broma, le he contestado que yo era el sol. Se ha cabreado.”) y malhumor (este lo aporta el propio Montalbano, que está harto que lo traten como un viejo).
Me gusta Montalbano porque hace sencillo lo complicado, no es un comisario de los de usar tecnología, solo abusa del teléfono, está chapado a la antigua si por ello entendemos entrevistar a los implicados, conocer el terreno y no dar nunca nada por sentado. Así se lo explica a un despierto joven que apunta maneras de policía, el novio de la chica desaparecida: “Si lo piensas bien, los detalles que nos parecen esenciales pierden más el perfil y se desenfocan cuanto más los examinamos”, “el verdadero problema no es el cómo sino el porqué”.

Y cuando Montalbano descubra el porqué del secuestro, solucionará el caso y volverá a sentirse en forma.

martes, 21 de enero de 2014

El espía que surgió del frío, de John Le Carré

Con tantos autores que uno tiene como tarea pendiente de leer, y siendo como soy lector asiduo de novela negra y espionaje (no tanto como quisiera), me parecía un error imperdonable que el gran John Le Carré no tuviera su reseña en este blog, y ya va siendo hora de enmendar la plana.
David Cornwell (Poole, Inglaterra, 1931), su nombre original, es ya un escritor octogenario que continúa ostentando, con permiso de Forsyth, el título de rey de la novela de espionaje. Comenzó su andadura literaria cuando el espionaje vivía su época dorada, durante la Guerra Fría, y trabajó para el British Foreign Service, por tanto era cuestión de tiempo que aprovechara sus conocimientos para crear verdaderas obras maestras como la que he tenido el placer de disfrutar: El espía que surgió del frío (1963).
No es su primera novela, sino la tercera, pero es la que se convierte en un best-seller, hasta el punto de que deja su trabajo y se dedica a la escritura con el nombre ficticio con el que había comenzado a publicar en 1961, John le Carré. Destacan las novelas protagonizadas por George Smiley, algunas son de las primeras, como Llamada para el muerto (1961) o Asesinato de calidad (1962). Smiley trabaja en el Departamento de Contraespionaje (recomiendo fervientemente la reciente película titulada El topo, basada en la novela de 1974, en la que Gary Oldman borda a Smiley), aunque en esta novela tiene una aparición fugaz.
Sin embargo, John Le Carré no pierde la inspiración cuando acaba la Guerra Fría, al contrario, actualiza los temas y sigue poniendo el dedo en la llaga: la desintegración de la Unión Soviética (La Casa Rusia), política estadounidense en Centroamérica (El sastre de Panamá), chanchullos de las grandes farmacéuticas (El jardinero fiel), etc. Su obra literaria es tan ingente que sería pesado relacionar aquí todos sus títulos, pero cada uno de ellos rezuma calidad y compromiso.
Centrándonos en esta novela, la edición que he leído contiene una introducción de Carlos Pujol que he encontrado magnífica, desde su análisis histórico sobre las novelas de espionaje hasta la forma de desentrañar la importancia de esta novela. De hecho, no puedo resistirme a citar sus palabras cuando compara el perfil bondiano de los espías imaginados por Ian Fleming, con el que comienza a hacer John Le Carré: “El espía que surgió del frío es como una deliberada inversión de los recursos novelescos de Fleming; en vez de lo excepcional y vistoso, lo vulgar y anodino; en vez de la brillantez ambiental, un decorado sucio y deprimente; en vez de la deportiva exaltación del eterno triunfador, el cansancio desengañado y la derrota íntima del que sabe que perderá; en vez de la fanfarria del erotismo, un amor triste y patético entre dos almas solitarias; en vez del espía-espectáculo, la anatomía moral de un hombre del oficio; en vez del colorido suntuoso, una atmósfera perennemente agrisada.”
El protagonista de la historia es un espía británico, Alec Leamas, un antihéroe que ha visto como en su último destino, la dirección del espionaje en Berlín, ha acabado fracasando e intuye que cuando vuelva a Londres le darán pasaporte. Es un hombre sin ilusiones que tiene que cumplir sin embargo una última misión, acabar con el jefe del espionaje de Alemania Oriental. Sin embargo, poco a poco va descubriendo la realidad, que no es otra cosa que un mundo demasiado cruel donde los espías son solo peones individuales que pueden ser sacrificados por el bien de la colectividad, y esto es aplicable tanto para el sistema comunista como para el capitalista, puesto que John Le Carré no posiciona a Leamas en ninguno de los dos bandos, aunque juegue en uno de ellos, es un espía no ideologizado que piensa que los dos sistemas son dos caras de la misma moneda.
Lo mejor de la trama es hacer creer al lector lo que no es, y en esto Le Carré lo borda. Más allá de la “moral” de los servicios de inteligencia, denunciada aquí, el autor juega al juego del espionaje con nosotros y lo hace de maravilla.

En el arte de engañar, los lectores debemos ser también engañados, eso hace más atractiva la historia, ¿no les parece?

martes, 14 de enero de 2014

El evangelio según Jesucristo, de José Saramago

José Saramago (1922-2010), el escritor portugués Nobel de Literatura en 1998 no es de los que deja indiferente con sus libros, cada una de sus obras nos invita a la reflexión sobre los temas centrales del hombre: la religión, la muerte, la maldad, etc. Y lo hace siempre con un estilo narrativo singular en la construcción de los diálogos y en el uso preciso de la palabra.
Cuando escribió en 1991 El Evangelio según Jesucristo, la historia novelada de la vida de Jesús de Nazaret, no desde la perspectiva dogmática de la Biblia, sino desde una visión más abierta y humanista, los sectores católicos más ultraconservadores se sintieron ofendidos y tacharon el libro de una blasfemia (¿en tiempos de la Inquisición Saramago habría sido quemado en la hoguera por los fanáticos del dogmatismo?).
Lo cierto es que la historia de la vida de Jesús desde su concepción, a saber, obra exclusiva de José y María (“la carne de él penetró en la carne de ella, creadas una y otra para eso mismo”), es contada con sencillez y muchísima ironía: nace en Belén, es circuncidado como todo judío al nacer (por cierto que Saramago nos dice que su prepucio se puede ver en una parroquia italiana “para edificación de creyentes empedernidos y disfrute de incrédulos curiosos”); Jesús es el primogénito de una familia numerosa a la que abandona temporalmente tras la muerte de su padre (crucificado por ser considerado un rebelde zelote), pasa cuatro años cuidando de un rebaño de ovejas  junto a un enigmático hombre conocido como Pastor, que no es otro que el Diablo, que intenta enseñar a Jesús la dualidad de las cosas en la vida: “no me gustaría verme en la piel de un dios que al mismo tiempo guía la mano del puñal asesino y ofrece el cuello que va a ser cortado”; conoce al amor de su vida, la prostituta María de Magdala, quien le enseñará a amar a una mujer en todos los sentidos: “Aprende, aprende mi cuerpo”. Es esta parte del relato la más poética, Jesús describe el cuerpo de María Magdalena: “tus dos senos son como dos hijos gemelos de una gacela”. Luego llega la etapa de los “milagros”: la abundancia de peces en el Mar de Galilea cuando Jesús acompaña a los pescadores, las curaciones de enfermos supuestamente incurables (cura a Lázaro aunque no lo resucita cuando muere), la multiplicación de los panes y los peces, etc.
Dedica Saramago a sus primeros años gran parte del libro, pasando con velocidad sin embargo por los episodios más conocidos de su vida a partir del prendimiento. Porque es en esos años jóvenes donde Saramago quiere ver a un Jesús dolido por las circunstancias de su nacimiento y los remordimientos de su padre, incomprendido por su familia, atormentado por la soledad, estigmatizado porque sobrevivió a una matanza de 25 niños inocentes en Belén porque así lo quiso Dios.
Y es con Dios con quien Saramago ajusta cuentas: su crueldad en la matanza de inocentes, el desprecio a las mujeres, y claro está su desprecio al Hombre, al que utiliza para obtener la adoración eterna. La conversación entre Dios, Jesús y el Diablo en la barca es para mí una parte sublime de la novela: en ella Dios, ante el silencio cómplice del Diablo (a los dos les favorece mucho el plan), explica a Jesús cuál es el propósito de su vida, a saber, ser el cordero que será sacrificado para que Dios no solo sea adorado por un pequeño pueblo, el judío, sino por todos los habitantes del mundo, que puestos a tener fieles, mejor a lo grande. Y además su muerte debe ser dolorosa, como mártir, “para que la actitud de los creyentes se haga más fácilmente sensible”. Y por no mantener en la ignorancia de los hechos futuros que provocará este sacrificio, Dios enumera a Jesús, de forma alfabética, todos aquellos que morirán cruelmente defendiendo a Cristo, y mucho más adelante, los que morirán por dudar de Cristo, las Cruzadas, las guerras de religión, etc., etc. Y sentencia Dios: “el hombre es lo mejor que le ha podido ocurrir a los dioses”.
Y dijo Dios: “Este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres… si el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios, la muerte de uno sería la muerte del otro”.
No hay mejor instrumento literario que la ironía para luchar contra los dogmatismos religiosos.