lunes, 25 de agosto de 2014

Fundación y Tierra, de Isaac Asimov

En 1986 el escritor norteamericano de origen ruso, Isaac Asimov, echó el cierre definitivo a la saga Fundación, que de ser una trilogía pasó finalmente a una pentalogía (aunque en 1988 escribió una precuela, Preludio a la Fundación y en 1993 se publicó de forma póstuma una segunda precuela, titulada Hacia la Fundación).
En Fundación y Tierra seguimos viajando con los personajes que protagonizaron la anterior entrega, Los límites de la Fundación, el consejero de la Primera Fundación Golan Trevize y el mitólogo Janov Pelorat, a los que añadimos a la enigmática habitante de Gaia, Bliss, como tercer tripulante de la nave gravítica Far Star. La misión continúa teniendo el mismo objetivo: encontrar el planeta original, la Tierra, donde surgió la Humanidad y del que hace 20 mil años los grupos humanos empezaron a colonizar la galaxia. Sin embargo alguien o algo está determinado a ocultar las pistas para encontrar el planeta y a desconcertar a nuestros protagonistas con falsas leyendas sobre su radiactividad. A pesar de los obstáculos, Trevize está convencido de que la Tierra no es una leyenda sino un planeta real que existe, y encontrarlo supone responder a las preguntas sobre por qué ha quedado en el olvido de la Humanidad el planeta original, y sobre todo, y esto supone el objetivo principal, porque Trevize “ha decidido” que el Plan Seldon y las Fundaciones han llegado a su fin y el futuro de la galaxia pasa por integrar a todos los planetas, incluido el primigenio, en un sistema como el que funciona en Gaia, en el que tanto seres humanos como animales y plantas están interconectados a través de la mente y funcionan como un conjunto. Si esto puede aplicarse a todos los planetas, como Trevize piensa, se creará un sistema estable que perdurará mucho más tiempo que el Segundo Imperio que está por venir.
El viaje de nuestros protagonistas les lleva a visitar varios planetas, todos hostiles y reacios a dar información sobre la Tierra: en Comporellon, consiguen escapar gracias a los “encantos” de Trevize y la habilidad mental de Bliss; en Aurora, un mundo deshabitado, casi son devorados por unos perros salvajes; en Solaria, vemos un mundo en el que los humanos viven aislados y han desarrollado un hermafroditismo que les permite reproducirse sin contacto, de allí escaparán llevándose consigo a la joven Fallom, que será importante en el futuro; en Melpomenia, otro planeta muerto, encuentran información valiosa sobre los primeros mundos colonizados por los humanos; y en Nueva Tierra, descubrirán que nada es lo que parece.
Pero Trevize encuentra pequeñas pistas que permitirán localizar finalmente el planeta original, la Tierra, gracias a sus dotes deductivas y a la capacidad para extraer de las leyendas, pequeñas porciones de verdad: “La cuestión está –había dicho Pelorat- en deducir o decidir qué elementos particulares de una leyenda representan una verdad plena subyacente”.
Lo que al fin les espera a nuestros protagonistas es el conocimiento de un plan futuro para la galaxia explicado por un enigmático ser que les estaba esperando pacientemente.
Digno final para una saga imprescindible para los amantes de la ciencia ficción, Asimov es un gran contador de historias y leerlo siempre produce un gran placer.

martes, 12 de agosto de 2014

Un mar oscuro como el oporto, de Patrick O'Brian

Decimosexta novela de la famosa saga de Aubrey y Maturin ambientada en las guerras napoleónicas (1792-1815), y que recrea con precisión quirúrgica la apasionante vida en el mar, tan distinta de la vida “tierra adentro”. Publicada en 1993, si como lector has llegado hasta aquí (la saga la componen 20 libros), y has sobrevivido al ingente aluvión de términos náuticos sin marearte, enhorabuena. Lo digo sin ningún sarcasmo, puesto que yo mismo soy fan de las aventuras del capitán Jack Aubrey y del doctor y espía irlandés Stephen Maturin, y no me considero un experto en cuestiones marinas, y me conformo con distinguir donde está estribor, babor, popa, proa, y los mástiles principales de una fragata.
En una época apasionante de la navegación en la que el viento y las corrientes marinas son motores fundamentales de los barcos, es lógico que la descripción del trabajo de los marineros a bordo de un barco siga una rutinaria tarea de arrizar velas, limpiar cubiertas, hacer mediciones de la posición del barco, etc., etc., y esta “ambientación” es necesaria en toda novela de Patrick O’Brian, aunque creamos que genera pesadez y aburrimiento. Las cosas pasan aunque con un ritmo distinto y cuando se entiende esto, entonces se disfrutan mucho estos libros.
En esta entrega, la fragata Surprise, con patente de corso otorgada por el gobierno británico, navega por aguas del Pacífico sur con dirección a Callao (Perú), en la que Stephen Maturin debe desempeñar una misión secreta que posibilite la vía de la revolución y posible independencia de la colonia española (curiosamente en un momento, suponemos que 1812-13, aunque no se especifica, en que los británicos son aliados de los españoles en la guerra peninsular contra los franceses). Los franceses también están interesados en lo mismo, en destruir el imperio español en América, y de paso arruinar la estrategia británica. Sabemos que la revolución de las colonias españolas en América ya estaba en marcha en algunos territorios desde 1810, como Chile, aunque no en Perú, último territorio en permanecer bajo el dominio español. A nivel político podríamos diferenciar los modelos que tanto ingleses como franceses querían implantar: abolicionismo, libertades, monarquía o república, etc., pero realmente de lo que se trata es de aumentar la influencia económica de estas metrópolis, y a nivel interno, que la burguesía criolla obtenga el poder político y el prestigio que España le niega (“Por lo que respecta a la opinión pública aquí en Perú, creo que está bastante a favor de la independencia, especialmente porque el actual virrey ha tomado algunas medidas impopulares que favorecen a los nacidos en España y van en detrimento de los nacidos aquí”).
Si de camino a Perú, la Surprise ejerce como barco corsario, mejor que mejor, y como Jack Aubrey sigue siendo “el afortunado”, caerán varias presas, entre ellas un barco corsario norteamericano, el Franklin, y un barco pirata, el Alastor. Realmente hacer el corso no es más que robar a otros barcos mercantes o de guerra con permiso de un gobierno, una actividad de la que Maturin encuentra objeciones: “Es vergonzoso sentir placer en quitar a otros hombres sus pertenencias a la fuerza, abiertamente, legalmente y recibir felicitaciones e incluso condecoraciones…”.
Por cierto, uno lee la sinopsis de la contraportada, donde se dice que el gran momento de la novela es el paso de la fragata Surprise por el cabo de Hornos, e imagina que esto ocurrirá pronto, cuando ocurre al final, aunque tengo que reconocer que está muy bien narrado porque al peligro de un barco de guerra norteamericano que se cruza con la fragata, se une la amenazante presencia de bloques de hielo capaces de perforar el casco del barco y acabar con la afortunada travesía de la Surprise. Lo cierto es que después de un larguísimo viaje, la fragata pone rumbo por fin a Inglaterra para tomar un breve descanso, porque la guerra contra los franceses continúa y las aventuras de Aubrey y Maturin, aunque están pronto a terminar, nos siguen esperando en el horizonte.

viernes, 25 de julio de 2014

From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell

Mucho se ha escrito sobre los asesinatos ocurridos en Whitechapel durante el verano y el otoño de 1888, supuestamente cometidos por el famoso Jack el Destripador, pero cuando el guionista Alan Moore y el dibujante Eddie Campbell decidieron afrontar la ingente tarea de volver a narrar los hechos tal como creían que ocurrieron, probablemente no sabían que se enfrentaban a una labor colosal. Alan Moore había manifestado que deseaba contar unos asesinatos célebres y cuando en 1988 se publicó de todo para recordar el centenario de los cinco asesinatos en el Londres victoriano, Moore encontró la motivación para hacerlo, pero desde una perspectiva "científica" si se permite el término, teniendo en cuenta que el caso de Jack el Destripador tenía más lagunas que certezas. 
Moore afrontó una ardua tarea de documentación y leyó muchísimo, y como él dice, tuvo que tragarse libros infumables con teorías fantasiosas, pero se topó con un libro de Stephen Knight que planteaba una teoría sobre la autoría de los asesinatos que, aunque pudiera parecer descabellada, podía sostenerse, aunque fuera débilmente.
Así que, entre 1992 y 1997 se publicó en capítulos la novela gráfica From Hell, guionizada por Moore y dibujada con trazos negros por Eddie Campbell. Después vendría un epílogo en 1998, dedicado a los "cazadores de gaviotas", como los llama Moore, o más bien a los muchos "riperólogos" que publicaron sus teorías ("ripper" significa destripador). En 1999 se publicó una edición que recogía todos los capítulos, además de un extenso apéndice donde Moore explicaba qué escenas estaban basadas en datos reales y cuáles había inventado para enriquecer la ficción. Porque eso es From Hell, una ficción novelada de los sucesos de 1888, mal atribuidos a Jack el Destripador (que fue una invención de la prensa amarillista). 
Evidentemente Moore no iba a reconstruir los hechos sin plantear su propia teoría y su honestidad al advertir que él no estaba en posesión de la verdad, aunque se acercara, le honraba. Planteó conjeturas, escenas que pudieron ocurrir, diálogos que pudieron producirse, y todo basándose en pequeños indicios, detalles y pequeños atisbos de verdad en medio de un océano de mentiras, antiguas y recientes.
No les aguo la intriga si les digo cuál fue el asesino, según Moore el médico William Gull (gaviota en inglés), porque desde un principio se presenta claramente al personaje y su propósito, que podría parecer banal, es decir, matar prostitutas de forma despiadada (y esto no es banal), pero para Moore había mucho más detrás: una conspiración planeada por una organización masónica, a la que el distinguido asesino pertenecía, para tapar las vergüenzas de un miembro de la realeza británica, sin olvidarnos de sus motivaciones personales (esa confrontación religiosa entre la divinidad masculina y la femenina). Sí, muy novelesco, pero a veces la realidad supera a la ficción.
Lo cierto es que más allá de las teorías de Moore, que uno puede creer o no, me quedo embelesado por la visión del Londres victoriano que nos enseña y sus edificios con una oculta simbología pagana, y descubro la miseria de la vida en el East End londinense con una sensación de realismo bastante inquietante. Pensar que a la prensa londinense le podía interesar el asesinato de varias prostitutas de un barrio pobre de Londres es muy osado, pero la forma en cómo murieron y la psicosis que surgió (con tintes incluso de antisemitismo), le venía de perlas a una prensa ávida de escándalos.
La novela gráfica es considerada una obra maestra y se suma a esa colección de cómics imprescindibles creados por la genialidad de Moore, convirtiéndose en una de esas obras que requerirá otra lectura para captar todo aquello que suele escaparse la primera vez.

lunes, 14 de julio de 2014

La Antigüedad novelada y la ficción histórica, de Carlos García Gual

Carlos García Gual (Mallorca, 1943) es catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense. Ha escrito numerosos ensayos sobre temas de Literatura, Filosofía y Mitología Griega y traducido variados textos clásicos: Epicuro, La secta del perro, Los siete sabios (y tres más), Audacias femeninas, Mitos, viajes, héroes, Prometeo: mito y literatura, Enigmático Edipo. Mito y Tragedia, etc.
El trabajo que reseñamos, La Antigüedad novelada y la ficción histórica. Las novelas históricas sobre el mundo griego y romano (1995), es un excelente ejercicio de literatura comparada centrado en un género novelesco que me fascina como es la novela histórica, más concretamente la ambientada en Grecia y Roma. El libro fue publicado en 1995, aunque en la edición de 2013 recoge ensayos sobre el mismo tema publicados en 2002.
García Gual nos lleva de la mano para conocer a los primeros novelistas del género histórico, los orígenes, los temas, los autores consagrados, los títulos "best-sellers" y las épocas doradas de ese tipo de literatura que hoy en día tiene tantos adeptos y tantos títulos, no todos de calidad, en las librerías.
Y es un viaje ameno, entretenido y muy didáctico puesto que hay novelas por las que uno ya ha pasado y concuerda en las opiniones del autor, y otras que, sin haber sido leídas todavía, despiertan el interés. Es este un trabajo de arqueología de la novela histórica, donde conocemos los "clásicos" del género y no tanto las últimas "novedades" de la segunda mitad del siglo XX.
Un recorrido que comienza en el mismo siglo I d.C., donde García Gual apuesta por calificar como primera novela histórica el Quéreas y Calírroe de Caritón de Afrodisias, pasando por la Vida de Alejandro del Pseudo Calístenes (una colección de anécdotas fabulosas de la vida de Alejandro Magno que tuvo mucho éxito) y la Vida de Apolonio de Tiana, de Filóstrato (estas dos del siglo III d.C.). Llevar el origen de la novela histórica ambientada en Grecia y Roma a la misma Antigüedad tiene sus riesgos, pero el autor, ateniéndose a lo que él entiende por novela histórica, a saber, "una ficción implantada en un marco histórico", para recrear "una atmósfera histórica, en general mucho más animada y coloreada que la que los escuetos datos de la historiografía suelen esbozar", considera que estos tres títulos cumplen las premisas del género: personajes históricos dentro de una ficción romántica con un "decorado" muy anterior a la época en la que el escritor escribe.
Después nos traslada al siglo XVIII, época del Neoclasicismo y del redescubrimiento de la Antigüedad a través de la arqueología (en 1748 comienzan las excavaciones en Pompeya y Herculano). Son novelas donde el tema principal son los viajes narrados de personajes inventados o míticos: Las aventuras de Telémaco (1717), de Fénelon; Viaje del joven Anacarsis (1788), de J.J. Barthelemy, ambientada en el siglo IV a.C., un libro largo, muy erudito y con pocos ingredientes románticos que fue un éxito y que libró al abate de morir en la guillotina en Francia; Viajes de Antenor (1797), de Lantier, narra los viajes por Grecia y Asia de un aventurero basándose en un falso manuscrito encontrado en Herculano (un recurso habitual a partir de entonces en el género). Subyace en estos títulos un deseo de evasión de los escritores y lectores, una manera de "viajar por el mundo antiguo" sin moverse. 
Uno de los títulos de principios del siglo XIX y que marcará la temática de las grandes novelas del género a finales del siglo XIX es Los mártires del cristianismo, de Chateaubriand, que recreará de forma novelada el enfrentamiento paganismo-cristianismo que en algunas épocas del Imperio fue bastante crudo, como durante los reinados de Nerón o Diocleciano. Evidentemente se hacía una clara apología de la bondad del cristianismo de los primeros tiempos mientras que el paganismo era sinónimo de maldad y crueldad. Serán típicas las escenas en el anfiteatro con las fieras devorando cristianos indefensos, las catacumbas, etc. Este subgénero tendrá un éxito de público increíble (Fabiola o la iglesia de las catacumbas -1854-; Calista -1856-). Por lo menos Chateaubriand es el primero que visita los lugares que luego describe en su novela, no como los anteriores.
García Gual afirma que en cuanto género, la novela histórica es un producto del Romanticismo, y la Antigüedad daba para muchas historias románticas y trágicas. El siglo XIX es la época dorada del género, en la que nacen los títulos emblemáticos que luego quedarán consagrados a través del cine y que son ejemplos típicos de novelas de persecuciones cristianas: Los últimos días de Pompeya (1834), de Edward Bulwer-Lytton, una novela en la que no hay viaje de los protagonistas pero donde el lugar lo es todo: Pompeya, descrita con una fidelidad arqueológica, y con todos los ingredientes para que triunfara, a saber, historia de amor con happy end, tragedia. Sobre esta novela dice García Gual: "Fue un modelo latente de muchas otras novelas de romanos e impresionó la imaginación de muchos lectores. Con su romanticismo trasnochado sigue siendo una ficción melodramática de estupendos decorados y hábil trama".
Ben-Hur (1880), de Lewis Wallace, es el segundo gran título, y archiconocido gracias a la versión cinematográfica protagonizada por Charlton Heston. Los ingredientes que hemos visto antes vuelven a repetirse con éxito: argumento melodramático, escenarios atractivos y tópicos como el circo, moralina cristiana, todo muy hollywoodiense.
Quo vadis? (1896), de Henry Sienkiewicz, es la novela más cristiana de todas, ya que el autor, un polaco católico cuyo país históricamente había sufrido la opresión de alemanes y rusos, se ensaña con Nerón y la persecución de los cristianos. Sus cristianos son todos ejemplares, dispuestos al martirio, y todo discurre en una Roma muy bien descrita con sus catacumbas, casas patricias, juegos de anfiteatro y catástrofe final  incluida (incendio de Roma). Vamos, un éxito de ventas asegurado.
Todos son títulos best-sellers muy del gusto de la sociedad burguesa de finales del siglo XIX y principios del XX, desencantada, descontenta y aburrida del presente.
Escrita en el siglo XIX pero alejada de los cánones del género por su singularidad estilística y temática es Salambó, de Flaubert (1862), ambientada en una Cartago pre-Segunda Guerra Púnica. La muerte de los dioses: Juliano el Apóstata (1894), de Merejkovski, es también un título atípico porque se aleja de la machacona apología cristiana, de hecho habla del emperador Juliano, un defensor de la tolerancia frente al fanatismo cristiano. Gore Vidal, con su Juliano el Apóstata, hizo una narración más fiel al personaje.

El siglo XX plantea un panorama literario variado en cuanto a los temas pero también en cuanto a la calidad. El género parecía agotado tras la Primera Guerra Mundial por la reiteración en los tópicos: conflicto religioso (paganos contra cristianos), nostalgia del mundo clásico. Era necesaria una renovación del género y esta llegó con varios títulos muy importantes en los que se evidencia una menor ideología y didactismo erudito, con alguna excepción. Es imprescindible hablar por supuesto de éxitos de crítica y la mayoría de las veces también de público de algunos títulos fundamentales: Yo, Claudio (1934), de Robert Graves; Los idus de marzo (1948), de Thornton Wilder; Memorias de Adriano (1951), de Margueritte Yourcennar, una obra maestra del género en palabras de García Gual; La muerte de Virgilio, de Hermann Broch; Espartaco, de Howard Fast (1951), esta es claramente una novela de un autor trotskista desencantado con el comunismo estalinista y el fracaso de la revolución del proletariado, como en la Roma del siglo I a.C. fracasó la revolución de Espartaco.
También se ponen en boga en el siglo XX las biografías novelescas, sobre todo de los personajes históricos más atractivos, siendo el más biografiado Alejandro Magno: Mary Renault o Gisbert Haefs tienen buenas novelas. Otras biografías noveladas: Aníbal (1990), de Gisbert Haefs; Memorias de Agripina, de P. Grimal, y la excelente saga sobre Mario, Sila, Pompeyo y César de la escritora Colleen McCullough. Pero de las novelas biográficas conviene hacer especial hincapié en la que para mí es la mejor novela histórica que he leído y que entra en la categoría de falsa memoria de tono apologético: Yo, Claudio, de Robert Graves. En ella el escritor inglés convierte en héroe a un "idiota tartamudo" y en malos a la familia Julio-Claudia en general. Sin ideología sumergida, Graves muestra a un Claudio escéptico, irónico y ácido analista de la política de su tiempo. Es un magnífico ejercicio de pesimismo sobre la historia y la política en general.
Hay muchos más títulos importantes e interesantes como El vellocino de oro (1945) de Robert Graves, o Casandra (1985) de Christa Wolf. Sobre este título conviene señalar que es importante porque lo protagoniza una mujer (poco habitual en el género histórico) y porque viene a ser una historia que simboliza la sumisión de la mujer "a los designios de los hombres que pierden y ganan las guerras".
Otro subgénero que triunfa durante las últimas décadas del siglo XX es la novela histórica de intriga o negra, en la que Lindsey Davis con su Marco Didio Falco, o Steven Saylor con su Gordiano el Sabueso, marcan el estilo. Estas novelas proponen ante todo diversión, al tiempo que sumergen al lector en Roma en unas excursiones de mucho color y ácido humor, y los mismo vicios que en nuestro entorno.
Suscribo una reflexión de García Gual para acabar: "la novela histórica tiene una notable mala fama entre los críticos literarios y entre los historiadores". Se ve como una ficción de poca calidad y poco rigurosa. Sin embargo, hay suficientes ejemplos de que esto no es así, por mucho que los críticos no quieran reconocerlo nunca.

sábado, 5 de julio de 2014

Los surcos del azar, de Paco Roca


Paco Roca es un dibujante valenciano (Valencia, 1969) que tiene ya una consolidada trayectoria en el difícil mundo de los cómics y la ilustración. Comienza a trabajar en álbumes gráficos en el año 2000, pero es en 2007 con Arrugas cuando obtiene el reconocimiento de la crítica con varios premios, entre ellos, el Premio Nacional del Cómic. La historia de la vejez, la soledad y los efectos de la enfermedad de Alzheimer es conmovedora. Después indaga en aquella aventura de los dibujantes de la Editorial Bruguera durante el Franquismo que intentaron desligarse de la "explotación" a la que eran sometidos publicando su propia cabecera, "Tiovivo", en El invierno del dibujante (2010).
Y ahora nos sorprende con un gran trabajo en el que hay detrás muchas horas de documentación y estudio: Los surcos del azar (2013). Es esta una obra necesaria por lo que supone, la recuperación de la memoria histórica, que durante muchos años estuvo silenciada o minimizada, puesto que poco sabíamos, a no ser que fuéramos versados en la II Guerra Mundial, sobre las peripecias de esos soldados republicanos que, después de pasar muchas vicisitudes tras su huida de España, acabarían firmando una de las páginas más gloriosas de la guerra contra el fascismo. 
Esta novela gráfica es un largo viaje que comienza un 28 de marzo de 1939 en el puerto de Alicante, cuando el barco noruego Stanbrook recoge a 3000 refugiados republicanos que consiguen escapar de las tropas italianas que están a punto de entrar en la ciudad. Entre ellos va Miguel Ruiz, el protagonista de esta historia, pues a través de sus palabras y sus recuerdos, Paco Roca, el dibujante convertido en entrevistador, reconstruye el viaje que llevará a Miguel y sus amigos a un campo de trabajo en Orán (Argelia), puesto que las colonias francesas en África quedarán dentro de la Francia nazi del mariscal Petain. Después vendrá el alistamiento en el ejército de la Francia libre del general De Gaulle y su encuadramiento en la compañía Nueve de la Segunda División Blindada del general Leclerc, famosa porque será la primera, y los españoles entre ellos, en entrar en las calles de París un 24 de agosto de 1944.
Es por tanto un viaje en el que se produce la redención de los soldados republicanos, que pasarán de la derrota en España a la victoria en Francia contra los nazis. Sin embargo las esperanzas de un ataque aliado a España se desvanecerán y salvo la fallida invasión del Valle de Arán, la España de Franco no verá peligrar su régimen dictatorial. 
Paco Roca nos habla de frustración por la derrota primero, de sufrimiento, de muerte de los amigos, pero también de esperanza por la victoria frente al fascismo, de ilusiones y de compromiso ideológico de una generación de españoles que dio su vida por la democracia y luego fue olvidada, enterrada por el Franquismo, para quien estos españoles nunca existieron. En 2006, durante el homenaje a las Brigadas Internacionales que se celebró en Madrid, todavía era urgente hablar de los españoles de la Nueve, aquellos que pisaron primero las calles de París montados en sus vehículos americanos bautizados con nombres de las batallas de la Guerra Civil: Guadalajara, Teruel, el Ebro, etc. 
Paco Roca se ha acordado de ellos y ha contado magistralmente sus hazañas para que siempre estén ahí, para que siempre recordemos que muchos españoles nunca se dieron por vencidos y gritaron aquello de "volveremos a vencer".

martes, 1 de julio de 2014

Llamada para el muerto, de John Le Carré

Llamada para el muerto (1961) fue la primera novela de espías escrita por John Le Carré, pero también la primera de la serie Smiley, es decir, protagonizada por el inteligente agente de contraespionaje del Foreign Office británico (que desde que vi la película El Topo, no hago más que identificar con la cara de Gary Oldman).
George Smiley se presenta a los lectores como un agente gris del Servicio Secreto, solitario, conocedor de la literatura alemana del siglo XVII, concienzudo, perspicaz y poco amigo de la adulación. Prefiere destacar por el trabajo bien hecho, no por otras cuestiones. Formado como espía durante la Segunda Guerra Mundial, donde fue enviado a la universidad de Dresde para reclutar agentes para el servicio británico, muestra una dilatada experiencia que lo convierte en un activo muy valioso. Sin embargo, algo parece haber ido mal en su última y rutinaria tarea, ya que después de entrevistar a un funcionario del Servicio Secreto con supuestos antecedentes comunistas, éste, Samuel Fennan, se suicida aparentemente. La investigación del caso recae en Smiley puesto que de alguna manera él parece el culpable de esta muerte, provocando incluso su dimisión. Sin embargo, pronto descubre pistas que le llevan a cuestionar el suicidio y a destapar una trama orquestada por los espías de la Alemania Oriental para conseguir documentos secretos británicos.
Aquí Smiley es el centro sobre el que gira toda la novela, aunque recibe la inestimable ayuda del policía Mendel, mientras que los espías alemanes aparecen algo más desdibujados (Dieter; o el escurridizo Mundt, que tendrá un papel principal en El espía que surgió del frío). Y es un personaje fascinante porque es la antítesis de un Bond: Smiley es inteligente, culto y reservado, más cercano a lo que pudo ser un espía de la Guerra Fría.
John Le Carré sorprendió por su buen hacer con esta primera novela y rápidamente enganchó a millones de lectores con sus novelas de espías, y sobre todo con un personaje superlativo como Smiley, aunque no le gusten los elogios.
No es una novela excesivamente pretenciosa pero Le Carré apuntaba buenas maneras, un estilo narrativo absolutamente absorbente que después puliría y unos personajes con carisma y atractivos; a esto le sumamos la maestría para crear tramas y saber transmitir el mundo del espionaje. Nos sale un género y un autor verdaderamente imprescindible que conviene leer con deleite.

martes, 24 de junio de 2014

Las guerras silenciosas, de Jaime Martín

Con la recomendación del dibujante de cómic Carles Esquembre, cogí esta obra gráfica sabiendo que me gustaría pero no esperaba que me enganchara tanto como para desear pasar las páginas y al mismo tiempo que no se acabara el cómic. 
Las guerras silenciosas (2014) es la última obra del dibujante catalán Jaime Martín (1966), del que también he leído (y disfrutado) Lo que el viento trae. El cómic comienza con una introducción que resume con claridad la guerra de Ifni (1957-1958), la llamada guerra silenciosa puesto que el régimen de Franco solo la calificó como de "incidente". Con esta información tan necesaria, uno ya empieza el cómic con interés, puesto que el propio dibujante, Jaime Martín, se convierte en un personaje más de la obra, tal vez el principal si no fuera porque realmente Jaime quiere contar la "mili" que su padre hizo en Ifni entre 1962-1964, cuando la situación en la zona seguía siendo peligrosa. Asistimos a un viaje al pasado franquista a través de la memoria del padre de Jaime, transcrita en unos diarios, de una experiencia que fue muy difícil pero que al mismo tiempo "le gustó hacerla". Lo que me ha gustado del cómic es la capacidad para trasladar a imágenes y textos los años 50 de la España franquista, en la que el hambre y la miseria eran los problemas que afrontaban la mayoría de los españoles, silenciados por la desinformación de la Dictadura. 
Porque en la historia de cómo se conocen Pepe y Encarna (los padres de Jaime) uno reconoce las historias que contaba mi abuela o mi tía de cómo era la vida en aquella época y de lo difícil que era salir adelante, en la que todos los hijos tenían que arrimar el hombro, y donde las chicas se veían abocadas al trabajo desde muy pequeñas y cuando ya tenían edad de tener novio, se tenía uno y era para casarse, "después de la mili". Ese era uno de los objetivos machacones del franquismo: casarse y formar una familia "para dar trabajadores a España".
La vida en el ejército, uno de los baluartes del franquismo, era fiel reflejo de la miseria económica e hipocresía del régimen. Al lavado ideológico se le añadían unas condiciones muy duras que incluían pasar hambre, castigos físicos continuos y degradación moral. El ejército daba pena, utilizaba material de deshecho de la II Guerra Mundial, vestía fatal y la tropa sufría abusos constantes de unos mandos embrutecidos. Era obsesión acabar la mili, volver y casarse con la novia, si te estaba esperando.
El cómic también ofrece la mirada femenina de la madre de Jaime, cuya educación tenía como objetivo casarse joven y tener hijos, no había otra salida para la mujer. Y después estaba el sueño de emanciparse y tener vivienda propia. Hay cosas que no han cambiado.
Estamos ante un cómic excepcional por las cosas que cuenta y cómo las cuenta, que es nuestra historia, no la de las grandes batallas, sino la microhistoria, la que nos permite revisitar el pasado reciente con una mirada que nos es cercana por lo que nos han contado nuestros familiares. En este sentido, aplaudo los cómics en los que se reivindica la memoria de los hechos históricos a través de personas normales que las vivieron y sufrieron (véase el Maus de Art Spiegelman, que cuenta el holocausto). Esa es la historia que está por contar...
En el apéndice del libro nos encontramos alguna "sorpresa": una ficha de adoctrinamiento de los soldados de 1987 en la que se lee: 
"P- ¿Franco?
R- Caudillo, guía y salvador de España. El definió la disciplina, el honor y el deber. Jefe del Estado Español que ha sabido conducir a España por caminos de paz y trabajo."

Lo dicho, en España las cosas cambian tan lentamente...