lunes, 12 de diciembre de 2011

Las memorias de Maigret, de Georges Simenon

A poco que uno indague sobre el escritor belga Georges Simenon (1903-1989) descubrirá una prolífica obra centrada sobre todo en la novela policíaca y en su personaje estrella: el inspector Maigret. Cuando Maigret ya llevaba varios casos resueltos, desde que comenzaran sus aventuras en 1931, en 1950 apareció una novela que es como una pausa en la relación literaria Maigret-Simenon que se prolongará hasta 1972: Las memorias de Maigret. Ésta es una novela atípica porque el inspector Maigret, lejos de protagonizar uno de sus casos, se dedica a recoger en unas memorias sus recuerdos y experiencias durante sus largos años trabajando en la Policía Judicial de París. Y lo hace para aclarar y desmitificar cierta imagen de su personalidad y su forma de trabajar que la pluma de Georges Simenon ha creado en las diferentes entregas que éste ha ido escribiendo hasta el momento.

Así que Maigret, el personaje, se sienta a escribir sobre su vida (recuerdos de la infancia, cómo conoció a su mujer, los diferentes trabajos y ambientes que ha conocido trabajando en la Policía Judicial, etc.), porque un joven Simenon (el autor y a la vez personaje en esta novela) se presentó en la oficina diciendo que iba a escribir novelas protagonizadas por él y eso ha hecho famoso al escritor y muy conocido al inspector. Por tanto, ha llegado el momento de contar todo aquello que Simenon no cuenta en sus novelas; todo aquello relacionado con el oficio de policía, que es casi como lo cuenta el autor, aunque el comisario también tiene ciertas cosas que aportar. 
Y así se construye un relato donde Maigret contará cómo conoció a un joven periodista llamado Georges Sim (luego Simenon) que deseaba "conocer a fondo el ambiente en que se desarrollan las operaciones". Maigret lo recibe de manera fría y esa frialdad se mantendrá durante mucho tiempo, porque para Maigret, el "Maigret" construido por Simenon no es él, y eso le molesta porque "al final, la gente me preguntaba de buena fe si yo había copiado sus manías, o si mi apellido era de verdad el de mi padre o si lo había copiado del novelista". Y esa imagen distinta construida por Simenon no ha sido rectificada constantemente por Maigret hasta que por fin ha decidido contar cómo es él en verdad, "que un día contaría con tranquilidad, sin malos humores ni rencor, mi versión, y que pondría los puntos sobre las íes de una vez por todas".
Pero cuando Simenon intenta explicar que lo que escribe en sus novelas es una verdad simplificada de los hechos, Maigret tiene que aceptar que en las novelas, para que el lector no se desanime ni se confunda, hay que simplificar algunas cosas a fin de que los casos sean más plausibles y exactos que la propia realidad, más compleja. 
Cuando Maigret descubre que también su personaje ha sido llevado a la televisión, reflexiona diciendo que es una extraña sensación "la de ver, en la pantalla, ir y venir, hablar y sonarse la nariz a un señor que pretende ser como tú, que tiene algunas de tus manías, pronuncia frases que has pronunciado, que se halla en unas circunstancias que has vivido, en unos escenarios a veces minuciosamente construidos".
La mirada de Maigret sobre su "verdadero" trabajo nos llevará a conocer, que más allá de los sorprendentes casos novelescos, hay un día a día en las calles de París en el que Maigret tiene que enfrentarse a los problemas de la inmigración, apuntando que "muchos no desean otra cosa que integrarse en nuestra sociedad y, si surgen dificultades, no son ellos quienes las provocan".  
Maigret es un inspector cuya experiencia acumulada durante tantos años le permite resolver muchos de los casos basándose en la comprensión del género humano, "vemos... toda suerte de hombres y mujeres, en todas las situaciones imaginables y de toda clase y condición. Los vemos, los catalogamos e intentamos entenderlos". Y más adelante dice: "La clave está en conocer. Conocer el ambiente en que se ha cometido el crimen, conocer el tipo de vida, las costumbres, los hábitos, las reacciones de las personas implicadas, sean víctimas, culpables o meros testigos. Entrar en su mundo sin aspavientos, con sencillez, y hablar como hablan ellos y con naturalidad". 
Su forma de trabajar me recuerda enormemente al gran comisario Montalbano de Camilleri.
El trabajo para el inspector es la mayoría de las veces tedioso y rutinario, y a veces los casos, recuerda Maigret, se resuelven de manera fortuita, siendo los asesinatos por envenenamiento los que más abundan. "Los restantes, los que interesan a los novelistas y a los llamados psicólogos, son tan poco frecuentes que sólo ocupan una parte insignificante de nuestra actividad".
Ésta es la versión de Maigret sobre los hechos, así es como trabajó y trabaja, a veces como lo cuenta Simenon y a veces no, pero el personaje se queda más tranquilo contando a los lectores que él también tenía cosas que decir al autor. Es algo así como un "ajuste de cuentas".
"En un estante de mi librería están alineados los volúmenes de Simeon, atestados de anotaciones hechas con lápiz azul; me complacía pensar que algún día rectificaría todos los errores en los que Simenon ha incurrido, bien por ignorancia, bien por añadir pinceladas pintorescas, o muchas veces porque no se atrevió a telefonearme para preguntarme algún detalle". 
Hubiera estado bien que el autor pudiera telefonear al personaje y pedirle opinión sobre algo que va a escribir. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender

Ramón J. Sender nació en Huesca en 1902. Periodista y escritor comprometido con el movimiento anarquista, su obra siempre estuvo ligada a la denuncia de las injusticias políticas y sociales. En 1927 ingresó en la Cárcel Modelo de Madrid por sus actividades anarquistas contra el general Primo de Rivera. Escribió sobre la Guerra de Marruecos en Imán (1930), sobre el movimiento anarquista en Siete Domingos Rojos (1932), sobre la represión en Casas Viejas en Viaje a la aldea del crimen (1934), sobre el movimiento cantonalista en Cartagena en Mister Witt en el cantón (1935), con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Al estallar la Guerra Civil, se incorpora al frente en una columna republicana (la 1ª Brigada Mixta de Enrique Líster) que llegaba a la Sierra de Guadarrama desde Madrid. En octubre fusilaron a su mujer en Zamora. En 1937 consiguió dejar a sus hijas en Francia y en Barcelona pidió reintegrarse en una unidad anarquista pero los comunistas ya desconfiaban de la CNT y no se lo permitieron. De Barcelona pasó a Estados Unidos enviado por el gobierno para dar una serie de conferencias en favor de la causa de la República. Después trabajó en París en una revista de propaganda y cuando Franco entró en Barcelona, se exilió a México y finalmente a Estados Unidos.
Sorprendido por el macCarthysmo de los años 50, Ramón J. Sender, que era profesor de literatura, tuvo que firmar un manifiesto anticomunista para no ser detenido. Curiosamente regresó a España para recibir el Premio Planeta en 1969 por En la vida de Ignacio Morell, y sus estancias se harían más prolongadas a partir de 1976. Murió en Estados Unidos en 1982.
En el exilio escribe sus obras más importantes, que tratan sobre la Guerra Civil, la novela autobiográfica Crónica del alba (1943) y la que reseñamos aquí Réquiem por un campesino español (publicada en México con el título de Mosén Millán en 1953; renombrada Réquiem ... en 1960). También destaca dentro de su prolífica obra la novela histórica La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964).
Réquiem por un campesino español es una novela corta pero que impacta por su sencillez de palabra y su capacidad de síntesis para explicar por qué España se vio abocada a una guerra civil. El campesino español al que el Mosén Millán debe dedicar una misa roído por la culpa tras morir un año atrás en trágico suceso es Paco el del Molino, y la celebración de ese réquiem llevará al Padre Millán a repasar la vida de Paco desde su niñez hasta su trágico final. A través de los ojos del cura conocemos la vida de un niño metido a monaguillo que quedará impresionado por la extrema pobreza en la que viven algunos campesinos. Marcará tanto esta experiencia a Paco que cuando en 1931 se proclame la República y Alfonso XIII deba exiliarse, Paco se implicará en el nuevo ayuntamiento del pueblo y tomará medidas para paliar la pobreza de sus conciudadanos, una vez que sean suprimidos los bienes señoriales y el pueblo pueda acceder libremente a los pastos de los montes que eran propiedad de un duque. Cuando Paco pregunta si el duque puede demostrar si los montes son suyos, el administrador, don Valeriano, le contesta: "Son muchos siglos de usanza, y eso tiene fuerza. Los montes no son botellicas de vino sino fuero. Fuero de reyes." Pero las fuerzas conservadoras, aquellas que temen los cambios que la República impulsa, representadas en los terratenientes, con los extremistas de derechas como brazos ejecutores ("un grupo de señoritos con vergas y con pistolas"), se harán con el control del pueblo asesinando a aquellos que más se destacaron en la lucha por la igualdad y la justicia social, entre ellos Paco, después de que "un día del mes de julio la guardia civil de la aldea se marchó con órdenes de concentración en algún lugar a donde acudían las fuerzas de todo el distrito". Uno año después los únicos que acuden a acompañar al cura en la misa de réquiem son los tres ricos del pueblo, en un acto de hipocresía mayúscula. ¿Y la Iglesia? Mosén Millán, por cobardía e inacción, se colocará al lado de los poderosos, don Valeriano y don Gumersindo, como ejemplo de lo que la Iglesia católica española hizo durante la Guerra Civil, apoyar indisimuladamente al bando sublevado. Cierto que la República había venido acompañada de un fuerte aire anticlerical porque la Iglesia representaba aquello con lo que se quería acabar: los privilegios, la desigualdad social, la ignorancia, la superstición, la hipocresía, el abuso de poder, la riqueza. Y ese anticlericalismo se deja notar en la novela con expresiones como "los curas son la gente que se toma más trabajo en el mundo para no trabajar". La Iglesia, siempre al lado de los poderosos y queriendo justificar la pobreza y las miserias del pueblo con una frase como ésta en boca de Mosén Millán preguntado por Paco: "Cuando Dios permite la pobreza y el dolor -dijo- es por algo". Cuando el cura asiste a un acto en el pueblo en el que "los forasteros ... quemaron la bandera tricolor y obligaron a acudir todos los vecinos del pueblo y a saludar levantando el brazo cuando lo mandaba el centurión", después de haber delatado el paradero de Paco, el cura se verá afectado por la culpa de la traición. Su traición es la traición de la Iglesia hacia los desfavorecidos.
La novela es algo más que una dura crítica a la Iglesia española con su posicionamiento al lado de la derecha más conservadora, Paco el del Molino representa el intento del campesinado español por cambiar una vida de miseria por otra de futuro y mejora de sus condiciones de vida con el advenimiento de la República y la esperanzadora reforma agraria, pero las reformas que Manuel Azaña quiso implantar, la reforma militar, la religiosa, la educativa o la agraria, resultaron demasiado radicales para los poderes fácticos: el ejército, la Iglesia, los terratenientes, y encontraron una enconada oposición que desembocó en la Guerra Civil. Y así nos fue.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Los Lobos del águila, de Simon Scarrow

Descubrí a Simon Scarrow (escritor inglés nacido en Lagos, 1962) hace un tiempo cuando me adentré en las aventuras de Macro y Cato, legionarios romanos, centurión el primero y optio el segundo, destinados en la lejana Britania, provincia incorporada al imperio romano bajo el reinado de Claudio (44 d.C.). Era una serie que se centraba en lo estrictamente militar, en contar toda la campaña de conquista de Britania a través de estos dos soldados de la Segunda Legión al mando del legado (futuro emperador) Vespasiano.
Con el tiempo, a aquel primer título, El águila del imperio (2000), se sumaron rápidamente Roma vincit! (2001), Las garras del águila (2002), Los Lobos del águila (2003), y así hasta la entrega número 11, Pretoriano (2011), que todavía no ha sido traducida al castellano, manteniendo una producción acelerada de novelas a la vez que también comenzaba otra serie sobre los generales Wellington y Napoleón. Su productividad me recuerda a Bernard Cornwell.
La cuarta entrega, en inglés The Eagle and the Wolves, nos sitúa a Macro y Cato, el segundo ya recién nombrado centurión, en la ciudad britana de Calleva, convalecientes de su anterior aventura. Pronto recibirán el encargo de aleccionar a los nativos de la tribu de los atrebates en la forma de luchar de las legiones y formar dos cohortes, la de los Jabalíes y la de los Lobos, que da título al libro. Estas dos cohortes se dejarán la piel en la defensa de Calleva ante el asedio de los durotriges, una tribu hostil a Roma liderada por Carataco, que lleva de cabeza a Vespasiano y Plautio, los generales que han diseñado la campaña, supuestamente definitiva, de sometimiento de las tribus rebeldes a Roma, tal como Claudio espera (de hecho celebrará el triunfo en el año 44 d.C. sin estar en absoluto pacificada la provincia). La defensa tenaz de la ciudad será vital para no perder los suministros que las legiones romanas necesitan en territorio enemigo y que son estratégicamente cruciales para el éxito de la campaña. Entre medias, se producirá una conspiración para acabar con el rey atrebate Verica y unir a los atrebates a la causa de Carataco contra Roma.
En fin, autor inglés y mundo romano, sinónimo de buena ambientación histórica, eso sí en su querida Britania (ya veremos cuando abandonen la provincia, cosa que sucede en las próximas entregas). A ello unimos un conocimiento exhaustivo de la organización de la legión, las formaciones de batalla, cómo debe luchar un legionario, etc. Que nadie espere concesiones a historias secundarias (la típica historieta de amor), en las novelas de Scarrow solo hay guerra cruda hasta el detallismo, muy al estilo Cornwell, como gusta hoy en día. Batallas, escaramuzas, vida militar, y unos increíbles Macro y Cato que sobreviven hasta en las situaciones más difíciles (eso quita emoción porque sabes, por las entregas que vendrán, que estos dos personajes no pueden morir) conforman el leiv motiv de las cuatro novelas que hasta el momento he leído de la serie. Por cierto, en esta entrega, el interés es creciente, la primera parte, algo anodina, solo se pone interesante cuando comienza la acción.
Bueno, para amantes de las novelas militares. No está mal, pero de momento no es la mejor de la serie.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Ropa interior, de Javier Ruiz Taboada

Passejar és un plaer, i fer-ho entre llibres encara més. Sempre m’ha agradat descobrir escriptors nous, versos curiosos,... i en aquest cas ha estat així. J. Ruiz Taboada (1964) és conegut com a periodista i treballa des de fa anys a una emissora de ràdio nacional, però també és fotògraf, dissenyador, pintor, etc. Aquest és el seu primer llibre de poemes, en el qual va quedar finalista en el concurs nacional de poesia Eladio Cabañero l’any 2008.
Ropa interior, m’ha agradat. M’ha semblat un llibre íntim i proper, senzill i de versos, en molts aspectes, impactants. Versos pròxims al haiku i quasi aforismes en alguns casos. Recomane la seua lectura i gaudir de les seues paraules, per això us deixe alguns dels seus poemes:


Perdemos la cabeza,

porque al corazón

no hay quien lo entienda.


Ayer te amé

como siempre

y disfruté

como nunca.


Te encontré

y me perdí.

Te perdí

y me encontré.

En ambas ocasiones, acerté.


La pena no se merece

si no merece la pena.


Escribo lo que pienso

porque me da miedo luego

pensar de memoria.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La campaña afgana, de Steven Pressfield

Después de leer las estupendas novelas Puertas de Fuego (1998) y La conquista de Alejandro Magno (2004), del escritor norteamericano Steven Pressfield, tenía mucha expectación en leer la alabada novela titulada La campaña afgana (2006), que relata la campaña de Alejandro Magno en Afganistán (antiguas Sogdiana y Bactriana) entre el 330-327 a.C.
Si en La conquista de Alejandro Magno se narraban todas la campañas militares del genio militar desde Queronea hasta su muerte, en esta novela, y a través de los ojos de un joven soldado macedonio, Matías, se cuenta con detalle qué significaron para el ejército griego aquellos tres largos años que duró la campaña. Como si estuviera escribiendo para "mostrar" al soldado estadounidense que ha invadido Afganistán la dureza de este tipo de guerra de guerrilla, para decirle "mira lo que la historia nos debería enseñar y no aprendemos", nos cuenta que en la Antigüedad, el mejor ejército con el mejor general necesitó tres años para "pacificar" la región, y que todo aquello que es la guerra en territorio hostil lo padecieron en sus carnes los sufridos soldados macedonios, como mucho después los británicos en el siglo XIX o los rusos en la década de los 80 del siglo pasado. Y es que Afganistán es una tierra inhóspita cuyos pueblos defienden cada palmo de tierra hasta la última gota de sangre, puesto que la invasión significa la pérdida de libertad y la libertad merece el sacrificio de tantas vidas humanas. En la visión del soldado macedonio, de Matías concretamente, la guerra no es lo que se esperaba cuando se alistó, no es gloria y honor, es mas bien lo que ya sabíamos: miedo, vergüenza, cansancio, hastío, odio, asco y muerte. Todo eso siente Matías mientras el ejército macedonio arrasa aldeas, asesina ancianos y niños, esclaviza mujeres, aunque Matías no sea de los soldados que se enorgullecen de matar inocentes. La guerra con su cara más cruel, la guerra para la que los macedonios y Alejandro no están preparados porque el enemigo no plantea una batalla frontal sino que ataca y se esconde, huye y regresa, se rinde y vuelve a levantarse, un enemigo que nunca descansa, del que no puedes fiarte porque no sabes quién es tu amigo, ésa es la guerra de guerrillas. 
El problema es que Pressfield hace hincapié en que para ganar una guerra así solo vale el exterminio, puesto que quien lucha por su libertad nunca dejará de luchar, no es que lo justifique o esté a favor, sino que parece ser el único camino, un camino que ningún ejército debería recorrer. ¿Mensaje para EEUU en su guerra en Afganistán? ¿Está diciendo Pressfield que no vale la pena malgastar vidas de soldados por someter una tierra hostil que nunca se rendirá? Alejandro Magno entendió que después de tres años, podía poner fin a la guerra casándose con una hija de uno de los señores de la guerra, Roxana, con lo que pacificada la región, pudo seguir hacia la India.
En fin, una novela entretenida (incluso el desenlace final cuando Matías va a casarse con una afgana de la que se ha enamorado) que no defraudará porque nos enseña que la guerra puede tener distintos protagonistas pero siempre muestra la misma cara.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El cuarto protocolo, de Frederick Forsyth

Frederick Forsyth (Reino Unido, 1938) es el escritor de referencia en el género de las "novelas de espías". Un autor de éxito con grandes títulos a sus espaldas: Chacal, Los perros de la guerra, El expediente Odessa, El manifiesto negro. Piloto de la RAF, luego periodista, en 1970 publicó una novela que se convertiría en un auténtico bestseller internacional, Chacal, que fue llevada al cine. Es un autor que ha sabido adaptarse al mundo post-guerra fría, publicando novelas sobre la guerra del Golfo, o más recientemente sobre el conflicto de Afganistán (El afgano, 2006) o el negocio de la cocaína (Cobra, 2010).
El cuarto protocolo (1984), cuyo título se refiere a uno de los protocolos secretos del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares firmado en 1968 entre EEUU, GB y la URSS, se desarrolla en Inglaterra en un futuro próximo, 1987, y plantea, en el contexto de la Guerra Fría entre el bloque occidental y el bloque comunista, una historia de espías sólidamente construida y creíble. En vísperas de las elecciones británicas, y para decantar la victoria electoral del lado del Partido Laborista, el secretario general de la URSS prepara una misión (plan Aurora, en parte elaborado por el ex agente británico pasado a los soviéticos, Philby) en la que un agente soviético, Valerie Petrofski, construirá una pequeña bomba atómica que hará estallar cerca de una base aérea de EEUU en suelo inglés, provocando la ira de los votantes antinucleares que, indecisos en un primer momento, votarían por el partido que aboga por el desarme nuclear. Después de ganar las elecciones, una facción de extrema izquierda dentro del Partido Laborista, tomaría el poder e iniciaría la ruptura de relaciones con EEUU y la OTAN. 
El encargado de descubrir la trama secreta es un agente del MI5, John Preston, quien trabajando minuciosamente con los datos dispersos que dispone, es capaz de descubrir el peligro que se cierne sobre Gran Bretaña, pese a los obstáculos que su superior le pone constantemente.
Una novela construida sobre sólidos cimientos, que empieza inocentemente con un robo de unas joyas pero que destapará todo lo que esconde el oscuro mundo del espionaje. Por el camino una jerga del oficio de espía muy reveladora: "trabajar para una bandera falsa", "construir una leyenda", "tener una imagen", etc. Una novela apasionante que devoré con ansiedad, disfrutando cada página. El final es sublime. 
Por cierto, qué decepción la película protagonizada por Pierce Brosnan y Michael Caine, mas que nada por algunos cambios que no me convencieron respecto al libro. Uno de estos casos en que el libro es mil veces mejor que la película.
Hay algunas reflexiones que aparecen en la novela que me gustaría compartir:
- "La Historia nos enseña que las democracias sólidas sólo pueden ser derribadas por la acción de las masas en la calle cuando la policía y las fuerzas armadas han sido penetradas por un número tan considerable de revolucionarios que pueda esperarse que se nieguen a obedecer las órdenes de sus oficiales y se pasen a los manifestantes". Me vienen los ejemplos pero con dictaduras que han caído en los últimos meses en el norte de África (Libia, Túnez o Egipto). Los casos de la Italia de los años 20 y la Alemania de los años 30 son diferentes: eran democracias no consolidadas con muchos problemas internos, principalmente económicos, que derivaron en férreas dictaduras de derechas.
- "...el Chaika con placas de matrícula MOC había corrido a toda velocidad por el carril del centro, reservado a los vlasti, los peces gordos de lo que era la sociedad de clases soñada por Marx; una sociedad rígidamente estructurada, con capas bien diferenciadas como sólo pueden darse en una vasta jerarquía burocrática". Sin comentarios.
- "La URSS estará allí mañana, y la semana próxima, y el año que viene. De alguna manera, tenemos que compartir con ellos este planeta. Y es mejor que sean gobernados por hombres pragmáticos y prácticos antes que por fanáticos y exaltados.... Son los políticos quienes sueñan, y a veces sus sueños son peligrosos... Los sueños conducen a fracasos tales como el de la bahía de Cochichos... Fue Kruschev, no los profesionales [del KGB], quien se pasó de la raya". Quién le iba a decir a Forsyth, y a todos nosotros, que en 1991 acabaría desapareciendo la "sólida" Unión Soviética. Luego supimos que en la década de los 80, el gigante era un enfermo crónico a punto de morir desgastado por la larga guerra en Afganistán y por la escasez de alimentos provocada por el colapso del sistema económico socialista, que falsificaba estadísticas sobre la salud de su economía mientras compraba trigo a Occidente, su enemigo durante más de cuarenta años. 

viernes, 14 de octubre de 2011

La tierra de las cuevas pintadas, de Jean M. Auel

Qué ganas tenía de hablar de la saga Los hijos de la tierra, de Jean M. Auel (1936). Como cuando abrí este blog ya había leído los 5 primeros libros, hasta que no he leído el último que paso a reseñar, La tierra de las cuevas pintadas (2011), que ojalá no sea el último de la saga, no ha tenido mi atención bloguera esta magnífica escritora estadounidense. La descubrí cuando hacía primero de Historia en la Universidad, entonces, ¡hablo de 1994!, leí El Clan del Oso Cavernario (1980), el cual me impresionó enormemente, y todo hay que decirlo, me emocionó su final. Después vinieron las siguientes entregas: El valle de los caballos (1982), Los cazadores de mamuts (1985), Las llanuras del tránsito (1990) y Los refugios de piedra (2002).
Para empezar, cualquiera que se pare a leer los datos biográficos de esta escritora, se sorprende, ya que se casó a los 18 años y a los 25 ya era madre de cinco hijos. Luego estudió en la Portland State University y en la University of Portland, y en 1976 se graduó.
Sus exhaustivas investigaciones sobre la Prehistoria la han convertido en una de las mayores especialistas sobre las formas de vida durante el Paleolítico Superior, concretamente el período en que convivieron las dos especies, neandertal y cromañón (40.000-30.000 a.C.). Si ya de por sí considero que escribir novela histórica supone un difícil ejercicio de erudición que debe conjugarse con un estilo narrativo que capte la atención del lector, hacer una novela ambientada en la Prehistoria, de la cual conocemos datos más dispersos, es algo tan meritorio que demuestra la desbordante imaginación de esta autora, eso sí, imaginación muy bien fundamentada en datos científicos; y cuando se aventuraba a proponer nuevas teorías, quién le iba a decir que el tiempo le daría la razón en algunas de ellas, como la teoría del mestizaje entre neandertales y cromañón (el estudio del ADN del Neandertal ha demostrado que compartimos con aquella especie un 4% de genes), aunque en otros detalles son considerados todavía pura ficción (como la temprana domesticación de caballos). La primera novela, escrita en cuatro meses, contaba la historia de una niña cromañón, Ayla, recogida por un clan de neandertales, y de cómo aprendía sus costumbres y comportamientos sociales. La novela tuvo un éxito fulgurante y reconozco que es una de mis novelas preferidas. Con aquellos entrañables neandertales, Iza, la curandera, Creb, el Mog-ur, Brun, el jefe, Auel quería desmontar el viejo cliché nacido a principios del siglo XX de que los neandertales eran poco más que animales. Tenían una cultura desarrollada, una religión totémica, enterraban a sus muertos con complejos rituales, una sociedad compleja, un lenguaje. No conocían el arte pero en todo lo demás eran una especie que había alcanzado un alto grado de desarrollo cultural. Sin embargo, su convivencia con los Otros (los cromañón, nuestra especie) era prácticamente nula, ya que estos los consideraban "cabezas chatas" o animales. 
Bueno, es difícil contar más porque la aventura de Ayla abarca varias novelas, así que, centrándonos en la que tengo que reseñar, nuestra protagonista se ha integrado perfectamente entre el pueblo de los zelandonii, que habitan las cuevas del sudoeste de la actual Francia, en torno a Lascaux, Laugerie Haute, etc. Debido a su adiestramiento como curandera cuando vivía con el clan, y sus excepcionales dotes para controlar a los animales (a sus amigos Lobo y los caballos Whinney, Corredor y Gris), se prepara para convertirse en una Zelandoni, es decir, lo que llamaríamos la sacerdotisa de la caverna. El pueblo de los zelandonii rinde culto a la Gran Madre Tierra, como diosa de la fertilidad, llamada Doni, al igual que otros pueblos cromañón dispersos por toda Europa. En torno a este culto, Auel describe complejos rituales de iniciación que bien pudieron haber existido, como los Ritos de los Primeros Placeres: "Los placeres eran un don de la Madre, y los zelandonia consideraban que era un deber sagrado asegurarse de que la primera experiencia de los jóvenes adultos era adecuada y educativa. A su juicio, los jóvenes de ambos sexos necesitaban aprender a valorar debidamente el gran don de la Madre, y convenía que personas mayores y más experimentadas se lo explicaran e ilustraran, compartiendo el don con ellos la primera vez bajo la mirada atenta pero discreta de los zelandonia. Era un Rito de Iniciación demasiado importante para dejarlo al albur de encuentros fortuitos".
De Auel siempre pienso lo mismo cuando he leído sus novelas, sus exhaustivas descripciones de la fauna, flora y medio físico, aunque en determinados momentos puedan cansar al lector, son necesarias, porque el lector debe hacerse una composición de lugar, y hablamos de la Prehistoria, la imaginación juega un papel clave, pero con Auel menos, porque cuando describe plantas, animales, paisajes, formas de trabajar el pedernal, técnicas de caza, fabricación de tejido, de construcción de viviendas, etc., etc., me digo que "tuvo que ser así".
En esta entrega hace una detallada descripción de las pinturas rupestres de las cuevas más importantes que Ayla va visitando en su Gira de la Donier, y aquí Auel se muestra prudente a la hora de explicar la finalidad de las pinturas: "Lo más probable era que en realidad nadie conociera el significado de un dibujo salvo su autor, y quizá ni siquiera él. Si algo pintado en las paredes de una cueva inspiraba algún sentimiento, ese sentimiento era el propio significado. Podía depender del estado de ánimo, que era variable, o de lo receptivo que uno estuviera".

También me resulta muy interesante (bueno, toda la novela es para reflexionar) el siguiente pasaje: "En una sociedad sin moneda, el estatus era algo más que prestigio, era una forma de riqueza. La gente estaba dispuesta a hacer favores a una persona de posición alta porque las obligaciones siempre se liquidaban de manera equivalente. Se incurría en una deuda cuando se solicitaba a alguien que confeccionara un objeto, o hiciera algo, o fuera a algún sitio, a causa de la promesa implícita de que la deuda se saldaría con un servicio de un valor parecido... Al valorar el estatus, había que tener en cuenta muchas cosas, y por eso la gente recitaba sus "títulos y lazos". Que quieren que les diga, creo que la vida era más fácil en la Prehistoria, en muchos pasajes del libro deseé estar en aquella época, lo confieso. Todo parecía más fácil, todo el mundo trabajaba por el bien del grupo, no faltaban los alimentos si todos cooperaban, y teniendo menos, todos eran más felices.
Como no quiero contar la trama, y menos el final, tengo que dejarlo aquí, pero sí me ha sorprendido como sutilmente Auel introduce el mito del hombre que, por amor, rescató a su amada de entre los muertos: "Ya empezaban a circular relatos, relatos que se contarían en torno a las fogatas de los hogares durante años...". ¿Les suena ese mito?