viernes, 13 de julio de 2012

Necrópolis, de Carlos Sisí

Tres meses han pasado desde el comienzo de la Pandemia zombi, provocada por un virus del que ya conocemos su nombre, "Necrosum", y el polideportivo de Carranque en Málaga continúa, de momento, siendo uno de los bastiones de la resistencia humana. Treinta supervivientes liderados por Juan Aranda creyendo en la esperanza de un futuro en el que los zombis sean eliminados y la humanidad vuelva a resurgir. Sin embargo, la Comunidad va a acabar disgregándose por diversas circunstancias: Juan Aranda emprende un viaje para llegar a los estudios de Canal Sur y poder emitir un mensaje por radio a otros grupos de supervivientes, y el Escuadrón (Susana, Uriguen, Dozer y José) se aventura hacia el puerto atraído por un misterioso barco que ha llegado de improviso al muelle. Y sí, el maléfico cura Isidro está bien presente en esta segunda entrega, obsesionado con el bíblico Juicio Final y su "misión" exterminadora de los impuros. 
Todo en esta segunda entrega se pone peor para nuestros protagonistas, y también se nos confirma lo que viene a ser una situación típica de los mundos postapocalípticos, es decir, no todos los grupos humanos se mueven por los sentimientos de solidaridad y trabajo en común; siempre aparecerán los que aplican la máxima del "primero yo y luego los demás", o los que aprovechan la situación para dar rienda suelta a sus peores instintos. Pero de qué nos sorprendemos, somos humanos, lobos con nosotros mismos. Descubrimos las miserias humanas, el egoísmo, la crueldad y la insolidaridad, se acabaron las comunidades "buenas", han aguantado los más fuertes pero estos no siempre son los más justos o los más humanos. No hacen falta zombis, los últimos humanos se matan entre ellos. Así que descubrimos un grupo de cazadores alemanes que se dedican a matar zombis por competición y a "cazar" humanos de paso, u otro grupo de supervivientes donde se impone la ley del más fuerte y no el trabajo cooperativo.
En esta segunda aventura de los supervivientes malagueños volvemos a encontrar un ritmo alto en el que de nuevo queda poco espacio para la pausa, y se advierte una gran mejoría en la descripción de los personajes, mucho más sólidos, sobre todo dos nuevos como Gabriel y su "especial" hermana Alba, además de Gulich, un perro fiel. 
La pregunta es: ¿hay esperanza? sí, la hay, hay otros campamentos seguros (Alicante, Murcia o Granada), y Juan Aranda sigue siendo la clave, pero ¿se puede confiar en los militares que intentan reconducir la situación? Lo veremos en el tercer y último capítulo. 
Tengo que reconocer que de nuevo Carlos Sisí me ha mantenido intrigado toda la novela.

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