domingo, 9 de febrero de 2014

El petit príncep, d'Antoine de Saint-Exupéry

Joan Fuster va dir que “Només hi ha una manera seriosa de llegir, que és rellegir” i tenia tota la raó. En aquest cas es tracta de tornar-ho a fer amb un clàssic de la literatura contemporània considerada per a nens. Tots coneixem i segurament vam llegir de xiquets El petit príncep, però sovint els records de moltes persones amb qui he comentat el tema gairebé sempre és el mateix: els va deixar marca, però de manera negativa. El van trobar avorrit i no l’entenien. Potser la proposta didàctica per part del professor/a d’aquell moment (parle de fa més de 25 anys) no va ser la més adient. Tan se val, aquest conte i el seu personatge intemporal fan d’obligada relectura el text a una edat ja madura.
El Petit Príncep va ser publicat en abril de 1943 –en anglès i francès- a Nova York per l’editorial Reynal & Hitchcock i tres anys després –en 1946, després de l’alliberament de França-, per la francesa Éditions Gallimard. És l’obra més coneguda de l’aviador i escriptor francès Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944). El conte filosòfic i poètic –sota l’aparença d’un conte per a nens- està dedicat al seu amic Léon Werth, on l’autor ens va deixar un missatge universal: no oblidar l’infant que vam ser, tal i com ho recorda en una de les frases a la dedicatòria “Totes les persones grans han començat essent nens. (Però n’hi ha poques que se’n recordin)”.
El Petit Príncep és una obra universal i tot un fenomen cultural, internacional i d’edició, del qual l’any passat es va celebrar el 70è aniversari de la publicació i enguany es commemora el 70è aniversari de la mort del seu autor. És l’obra literària francesa més coneguda al món, traduïda a més de 265 idiomes i de la que s’han fet més de 1.300 edicions, amb més de 145 milions de còpies venudes. Dividit en 27 capítols que expliquen les aventures d’aquest personatge intemporal, l’obra de Saint-Exupéry i el seu protagonista, s’han convertit en una icona dels valors positius i actuals com són: la protecció del planeta i la de la infància, el dret a l’educació, la pau, la tolerància i l’intercanvi cultural.
La història, il·lustrada amb dibuixos del mateix autor, ens conta la trobada entre un xiquet i un aviador –el narrador- que per una avaria al motor ha hagut d’aterrar al desert del Sàhara on intenta reparar l’avió. En aquest paratge, aparentment solitari, se l’apareix al dia següent un xiquet, el petit príncep. A partir d’aquest moment i dels diàlegs que tenen, l’aviador es replantejarà la seua vida d’adult i descobrirà que el petit príncep ve d’un altre planeta (l’asteroide B 612) perquè aquest va contant-li les experiències que ha tingut amb persones grans als diferents asteroides que ha anat visitant (un total de set astres on troba a: el rei, el vanitós, el bevedor, l’home de negocis, l’encenedor de fanals, el geògraf i la Terra) i el seu comportament absurd que no acaba d’entendre. Cada dia l'interès de l’aviador envers el petit príncep i tot allò que conta va creixent, així com l’amistat, la tendresa i l’estima per aquesta curiosa criatura, mentre la reparació del seu avió va perdent importància.
Creat amb un llenguatge senzill, amb la finalitat de ser comprès pels xiquets, el text d’El petit príncep ens mostra la vigència d’una obra que s’ha convertit en clàssic. El conte de Saint-Exupéry ens posa davant la pregunta sobre, què és l’essencial de la vida? I és que front a l’individualisme, la irracionalitat, l’afany de consumisme i possessió que ens arrossega cap a la solitud, el petit príncep proposa l’amor, la pràctica de l’amistat i la generositat per a assolir la felicitat, la imaginació i la senzillesa, l’afany pel coneixement i la recomanació de conservar dins nostre la xiqueta o el xiquet que vam ser.


I com molt bé va dir la guineu al petit príncep: “Només s’hi veu bé amb el cor. L’essencial és invisible als ulls” i així mateix ho va transmetre aquesta dolça criatura a l’aviador: “els ulls són cecs. S’ha de buscar amb el cor”.

sábado, 1 de febrero de 2014

La paciencia de la araña, de Andrea Camilleri

Está empeñado Camilleri en hacernos creer que su comisario Montalbano ya no está para muchos trotes, que su lucidez y su pericia para resolver los casos van perdiendo fuelle y que su salud, aquí sí me lo creo, está un poco tocada desde que en el anterior caso (véase Un giro decisivo) hiciera un sobreesfuerzo físico que casi le cuesta la vida. Evidentemente no es un atleta, y tal vez su corazón no resista grandes emociones, pero no, no me engaña Camilleri: a pesar de todo, Montalbano es una vez más la luz en la oscuridad, la demostración de que su inteligencia, su capacidad de observación y deducción siguen innatas para deleite nuestro.
En La paciencia de la araña (2004), la octava entrega de la serie Montalbano, un convaleciente comisario recibe el encargo de ayudar al dottore Minutolo en la investigación para resolver el secuestro de una chica de la localidad siciliana de Vigàta, lugar en el que siempre se producen los casos que Montalbano acaba resolviendo. Y digo ayudar porque el comisario no se ha incorporado oficialmente a la comisaría pero como si lo hubiera hecho: los habituales Catarella, Augello, Gallo o Fazio están a sus órdenes para lo que el comisario disponga. Hasta el incorregible Catarella, que sigue sin coger bien el teléfono, cumple con su pequeña misión.
Para Montalbano no va a ser un caso normal puesto que al estrés de la propia investigación se une la presencia de Livia, su compañera, en su casa de Marinella, y las discusiones (y reconciliaciones) son habituales a lo largo de la novela, hasta el punto que el comisario acabará sintiéndose ¡aliviado! cuando Livia vuelva a Génova. Hasta tiene poco tiempo para sus habituales degustaciones en la trattoria de Enzo, pero una incursión, a pesar de que se supone que está a dieta, no podía faltar.
La investigación lleva a Montalbano a ese punto en el que consigue ver más allá de lo que los demás ven, como un Maigret o un Poirot (una chica admiradora de Montalbano le suelta: “usted… es mucho mejor que Maigret, que Poirot,…”), y llevar al lector por el buen camino.
Es una novela negra pero con pocos tintes negruzcos, está ausente lo truculento pero nunca faltará una pizca de crítica política (“El muy honorable abogado Gianfranco Petrotto, el actual subsecretario de Interior, condenado una vez por corrupción y otra por prevaricación, y acusado de un delito prescrito. Ex comunista, ex socialista, y ahora elegido triunfalmente por el partido de la mayoría”), humor (siempre aportado por Catarella: “Dottori? Hay al tilífuno uno que dice que es la luna. Y yo, creyendo que era una broma, le he contestado que yo era el sol. Se ha cabreado.”) y malhumor (este lo aporta el propio Montalbano, que está harto que lo traten como un viejo).
Me gusta Montalbano porque hace sencillo lo complicado, no es un comisario de los de usar tecnología, solo abusa del teléfono, está chapado a la antigua si por ello entendemos entrevistar a los implicados, conocer el terreno y no dar nunca nada por sentado. Así se lo explica a un despierto joven que apunta maneras de policía, el novio de la chica desaparecida: “Si lo piensas bien, los detalles que nos parecen esenciales pierden más el perfil y se desenfocan cuanto más los examinamos”, “el verdadero problema no es el cómo sino el porqué”.

Y cuando Montalbano descubra el porqué del secuestro, solucionará el caso y volverá a sentirse en forma.

martes, 21 de enero de 2014

El espía que surgió del frío, de John Le Carré

Con tantos autores que uno tiene como tarea pendiente de leer, y siendo como soy lector asiduo de novela negra y espionaje (no tanto como quisiera), me parecía un error imperdonable que el gran John Le Carré no tuviera su reseña en este blog, y ya va siendo hora de enmendar la plana.
David Cornwell (Poole, Inglaterra, 1931), su nombre original, es ya un escritor octogenario que continúa ostentando, con permiso de Forsyth, el título de rey de la novela de espionaje. Comenzó su andadura literaria cuando el espionaje vivía su época dorada, durante la Guerra Fría, y trabajó para el British Foreign Service, por tanto era cuestión de tiempo que aprovechara sus conocimientos para crear verdaderas obras maestras como la que he tenido el placer de disfrutar: El espía que surgió del frío (1963).
No es su primera novela, sino la tercera, pero es la que se convierte en un best-seller, hasta el punto de que deja su trabajo y se dedica a la escritura con el nombre ficticio con el que había comenzado a publicar en 1961, John le Carré. Destacan las novelas protagonizadas por George Smiley, algunas son de las primeras, como Llamada para el muerto (1961) o Asesinato de calidad (1962). Smiley trabaja en el Departamento de Contraespionaje (recomiendo fervientemente la reciente película titulada El topo, basada en la novela de 1974, en la que Gary Oldman borda a Smiley), aunque en esta novela tiene una aparición fugaz.
Sin embargo, John Le Carré no pierde la inspiración cuando acaba la Guerra Fría, al contrario, actualiza los temas y sigue poniendo el dedo en la llaga: la desintegración de la Unión Soviética (La Casa Rusia), política estadounidense en Centroamérica (El sastre de Panamá), chanchullos de las grandes farmacéuticas (El jardinero fiel), etc. Su obra literaria es tan ingente que sería pesado relacionar aquí todos sus títulos, pero cada uno de ellos rezuma calidad y compromiso.
Centrándonos en esta novela, la edición que he leído contiene una introducción de Carlos Pujol que he encontrado magnífica, desde su análisis histórico sobre las novelas de espionaje hasta la forma de desentrañar la importancia de esta novela. De hecho, no puedo resistirme a citar sus palabras cuando compara el perfil bondiano de los espías imaginados por Ian Fleming, con el que comienza a hacer John Le Carré: “El espía que surgió del frío es como una deliberada inversión de los recursos novelescos de Fleming; en vez de lo excepcional y vistoso, lo vulgar y anodino; en vez de la brillantez ambiental, un decorado sucio y deprimente; en vez de la deportiva exaltación del eterno triunfador, el cansancio desengañado y la derrota íntima del que sabe que perderá; en vez de la fanfarria del erotismo, un amor triste y patético entre dos almas solitarias; en vez del espía-espectáculo, la anatomía moral de un hombre del oficio; en vez del colorido suntuoso, una atmósfera perennemente agrisada.”
El protagonista de la historia es un espía británico, Alec Leamas, un antihéroe que ha visto como en su último destino, la dirección del espionaje en Berlín, ha acabado fracasando e intuye que cuando vuelva a Londres le darán pasaporte. Es un hombre sin ilusiones que tiene que cumplir sin embargo una última misión, acabar con el jefe del espionaje de Alemania Oriental. Sin embargo, poco a poco va descubriendo la realidad, que no es otra cosa que un mundo demasiado cruel donde los espías son solo peones individuales que pueden ser sacrificados por el bien de la colectividad, y esto es aplicable tanto para el sistema comunista como para el capitalista, puesto que John Le Carré no posiciona a Leamas en ninguno de los dos bandos, aunque juegue en uno de ellos, es un espía no ideologizado que piensa que los dos sistemas son dos caras de la misma moneda.
Lo mejor de la trama es hacer creer al lector lo que no es, y en esto Le Carré lo borda. Más allá de la “moral” de los servicios de inteligencia, denunciada aquí, el autor juega al juego del espionaje con nosotros y lo hace de maravilla.

En el arte de engañar, los lectores debemos ser también engañados, eso hace más atractiva la historia, ¿no les parece?

martes, 14 de enero de 2014

El evangelio según Jesucristo, de José Saramago

José Saramago (1922-2010), el escritor portugués Nobel de Literatura en 1998 no es de los que deja indiferente con sus libros, cada una de sus obras nos invita a la reflexión sobre los temas centrales del hombre: la religión, la muerte, la maldad, etc. Y lo hace siempre con un estilo narrativo singular en la construcción de los diálogos y en el uso preciso de la palabra.
Cuando escribió en 1991 El Evangelio según Jesucristo, la historia novelada de la vida de Jesús de Nazaret, no desde la perspectiva dogmática de la Biblia, sino desde una visión más abierta y humanista, los sectores católicos más ultraconservadores se sintieron ofendidos y tacharon el libro de una blasfemia (¿en tiempos de la Inquisición Saramago habría sido quemado en la hoguera por los fanáticos del dogmatismo?).
Lo cierto es que la historia de la vida de Jesús desde su concepción, a saber, obra exclusiva de José y María (“la carne de él penetró en la carne de ella, creadas una y otra para eso mismo”), es contada con sencillez y muchísima ironía: nace en Belén, es circuncidado como todo judío al nacer (por cierto que Saramago nos dice que su prepucio se puede ver en una parroquia italiana “para edificación de creyentes empedernidos y disfrute de incrédulos curiosos”); Jesús es el primogénito de una familia numerosa a la que abandona temporalmente tras la muerte de su padre (crucificado por ser considerado un rebelde zelote), pasa cuatro años cuidando de un rebaño de ovejas  junto a un enigmático hombre conocido como Pastor, que no es otro que el Diablo, que intenta enseñar a Jesús la dualidad de las cosas en la vida: “no me gustaría verme en la piel de un dios que al mismo tiempo guía la mano del puñal asesino y ofrece el cuello que va a ser cortado”; conoce al amor de su vida, la prostituta María de Magdala, quien le enseñará a amar a una mujer en todos los sentidos: “Aprende, aprende mi cuerpo”. Es esta parte del relato la más poética, Jesús describe el cuerpo de María Magdalena: “tus dos senos son como dos hijos gemelos de una gacela”. Luego llega la etapa de los “milagros”: la abundancia de peces en el Mar de Galilea cuando Jesús acompaña a los pescadores, las curaciones de enfermos supuestamente incurables (cura a Lázaro aunque no lo resucita cuando muere), la multiplicación de los panes y los peces, etc.
Dedica Saramago a sus primeros años gran parte del libro, pasando con velocidad sin embargo por los episodios más conocidos de su vida a partir del prendimiento. Porque es en esos años jóvenes donde Saramago quiere ver a un Jesús dolido por las circunstancias de su nacimiento y los remordimientos de su padre, incomprendido por su familia, atormentado por la soledad, estigmatizado porque sobrevivió a una matanza de 25 niños inocentes en Belén porque así lo quiso Dios.
Y es con Dios con quien Saramago ajusta cuentas: su crueldad en la matanza de inocentes, el desprecio a las mujeres, y claro está su desprecio al Hombre, al que utiliza para obtener la adoración eterna. La conversación entre Dios, Jesús y el Diablo en la barca es para mí una parte sublime de la novela: en ella Dios, ante el silencio cómplice del Diablo (a los dos les favorece mucho el plan), explica a Jesús cuál es el propósito de su vida, a saber, ser el cordero que será sacrificado para que Dios no solo sea adorado por un pequeño pueblo, el judío, sino por todos los habitantes del mundo, que puestos a tener fieles, mejor a lo grande. Y además su muerte debe ser dolorosa, como mártir, “para que la actitud de los creyentes se haga más fácilmente sensible”. Y por no mantener en la ignorancia de los hechos futuros que provocará este sacrificio, Dios enumera a Jesús, de forma alfabética, todos aquellos que morirán cruelmente defendiendo a Cristo, y mucho más adelante, los que morirán por dudar de Cristo, las Cruzadas, las guerras de religión, etc., etc. Y sentencia Dios: “el hombre es lo mejor que le ha podido ocurrir a los dioses”.
Y dijo Dios: “Este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres… si el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios, la muerte de uno sería la muerte del otro”.
No hay mejor instrumento literario que la ironía para luchar contra los dogmatismos religiosos.


miércoles, 8 de enero de 2014

Paraules per a Gaeta, de Cesk Freixas


“Gaeta és un carrer. Una mà, una idea, un dubte, una ciutat. Gaeta és el que vulguis que sigui. És decidir. És un terrat abans que marxi el sol, i dir alt que no volem morir. Gaeta és l’espai de temps que encara no hem viscut. El record, la memòria i el temps. I la calor que arriba per despullar-nos de la pena i el verí. Això és Gaeta. Per recordar-nos que prosseguim amb l’impossible.
Que lluny que se’t veu, i que a prop ens quedes”
Cesk Freixas (St. Pere de Riudebitlles, 1984) cantautor català que acaba de celebrar el seu 10è aniversari damunt els escenaris, ens ofereix com un present el seu primer llibre Paraules per a Gaeta. Mitjançant relats curts escrits com a prosa poètica ens endinsa dins un univers molt personal al temps que social i geogràfic.
Paraules per a Gaeta –llibre editat per Tigre de Paper, una cooperativa editorial catalana- son 150 textos escrits amb delicadesa i sentiment. Per a aquells que hem llegit a Eduardo Galeano el format que ha fet servir C. Freixas per a presentar-nos el seu primer llibre a més de suggeridor ens ha resultat familiar. A través d’aquests relats podem respirar d’una banda dignitat, llibertat, lluita, d’una altra injustícies, però també ens ofereix amb les seues paraules l’oportunitat de passejar pel territori i endinsar-nos en ell i la gent que l’habita, en els seus somnis i il·lusions, l’amor, les decisions,... Cal no oblidar a més a més, els textos de caire íntim i personal plens de tendresa i sensualitat.
Freixas ens convida a reflexionar sobre els fets senzills, aquells que ens omplen de vida i que sovint no sempre valorem. L’autor ens incita a assaborir les paraules lentament i gaudir d’elles en qualsevol lloc i moment. I això és el que he fet, llegir i en moltes ocasions rellegir mentalment frases que m’agradaria conservar en el record, anècdotes o vivències de poetes tan estimats com M. Hernández, M. Martí i Pol o M. Torres. També de reconeguts autors de versos, textos o cançons tan essencials i fonamentals com Estellés, Fuster o el gran Ovidi.


Compartir des de la distància geogràfica aquesta mirada compromesa, aquest univers polític i social, aquesta estima al territori ha estat un descobriment molt plaent i emotiu, especialment en un relat amb el qual em sent especialment identificada Del Pinós a Maó. Aquest esguard intens i tendre que surt des de ben dins cap a les persones i coses que Freixas s’estima mostra de manera transparent una convicció que compartisc completament “la vida es viu cap endavant” tal i com ell diu a Dies horitzontals.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El niño con el pijama de rayas, de John Boyne

John Boyne nace en Dublín en 1971, y tras formarse en el Trinity College y en la Universidad de East Anglia, comienza a publicar sus primeras novelas a partir del año 2000. Pero su vida como escritor da un vuelco con El niño con el pijama de rayas (2006), que se convierte rápidamente en un best-seller, pasando a ocupar el número 1 de la lista de libros más vendidos en Irlanda durante 66 semanas. A partir de ese momento llegarán las continuas ediciones, las traducciones a otros idiomas y los galardones, éxito que no pasó desapercibido para Hollywood, que llevó la historia al cine con notable acierto en 2008.
Después del bombazo, el escritor irlandés dio un giro argumental y narró el Motín en la Bounty (2008), para luego volver a la literatura juvenil con El increíble caso de Barnaby Brocket (2012). En 2013 acaba de publicar Quedaos en la trinchera y luego corred.
¿Qué tecla tocó Boyne para que su novela tuviera éxito de crítica y público? Bueno, primero enfocar un tema tan serio como el Holocausto, el exterminio de millones de judíos europeos en los campos de concentración construidos por el régimen nazi entre 1940 y 1945 desde una perspectiva nueva, la mirada de un niño de nueve años, Bruno, hijo del comandante de Auschwitz (Polonia), uno de los campos más tristemente conocidos del Tercer Reich alemán, donde además se desarrolla la historia. Una mirada inocente, que no entiende de guerra, ni de pureza racial, ni de judíos, ni de qué significa ser un nazi; solo está contrariado porque ha dejado a sus amigos de Berlín para trasladarse a un lugar aislado donde no tiene con quién jugar. Pero todo cambia cuando conoce, a través de una alambrada que no entiende para qué sirve, a un niño que viste "un pijama de rayas", lleva la cabeza rapada y está muy flaco. Se llama Shmuel, tiene la misma edad que Bruno, y una necesidad igual de tener un amigo para contarse las cosas. 
Una historia sencilla y original en un marco histórico por todos conocido, con un estilo narrativo claro y accesible para un público para el que siempre hay que contar otra vez el Holocausto: el lector juvenil, que empatiza con sorprendente rapidez con Brumo y Shmuel y entiende, sin entrar en detalles escabrosos, lo que significa la barbarie del asesinato de millones de judíos, a través de un elíptico final que pone los pelos de punta. 
Y no solo es una historia sobre nuestro triste pasado sino una reflexión sobre el peligro de un futuro de intolerancia y obsesiones raciales, sobre alambradas que separan pueblos, sobre barracones donde se hacinan los que son despojados de todo, sobre la incertidumbre de no saber si algo así puede volver a pasar en cuanto perdamos la memoria histórica. Si parece que estemos ante una novela para adultos, pronto entendemos que el mensaje va sobre todo destinado a los futuros adultos. 
La lectura de este libro ha sido realizada en común con los alumnos de 2º ESO de un instituto público y la experiencia ha valido la pena.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury


Ray Bradbury (1920-2012) fue un escritor norteamericano de ciencia ficción y fantasía que alcanzó fama temprana y numerosos premios gracias sobre todo a dos títulos: Crónicas marcianas (1950) y Fahrenheit 451 (1953). Pero además también escribió poesía, teatro, ensayos y guiones para películas, entre ellos el guión para la versión cinematográfica que François Truffaut hizo en 1966 sobre la novela que hoy presentamos. Tanto marcó esta novela a su autor que en su epitafio pone: "Autor de Fahrenheit 451".
El título de la novela ya es en sí una declaración de intenciones, puesto que es la temperatura a la que arde el papel de los libros. La novela presenta un futuro distópico en el que está terminantemente prohibido leer, y para que se cumpla con la ley existe en la ciudad un cuerpo de bomberos encargado de detectar libros escondidos y quemarlos. Guy Montag, el protagonista, es uno de estos peculiares bomberos, que no apagan fuegos sino que los provocan, y toda la novela es un viaje interior desde la aceptación de su trabajo irracional hasta el cuestionamiento del sistema en el que vive. Este sistema tiene los rasgos típicos de una dictadura, en la que, y yendo más allá de las dictaduras que se han dado en el siglo XX (fascismo, comunismo soviético, nazismo, franquismo), ya no se trata de que los ciudadanos no lean los textos "peligrosos" sino que directamente la prohibición de la lectura supone ese paso más allá deseado por todo régimen totalitario. 
Si el ciudadano no lee, por tanto tampoco piensa, y pensar también es malo porque hace que uno se cuestione un sistema en el que todos deben ser felices. Pero Montag no es precisamente uno de esos ciudadanos felices, y menos lo será cuando conozca a Clarisse McClellan, una enigmática mujer que introducirá la duda en su rutinaria vida de destrucción.
En un régimen totalitario en el que viven Montag y Clarisse, prohibida la lectura, se crean mecanismos de control social, y el más evidente (la novela es de 1953) es la televisión. Al respecto dice Clarisse: "No considero que sea sociable reunir a un grupo de gente y, después, no dejar que hable. Una hora de clase TV, una hora de baloncesto, de pelota base o de carreras...", y todo esto para que la gente no se haga preguntas porque las respuestas son bombardeadas continuamente.
El compañero de trabajo de Montag, Beatty, explica claramente por qué está prohibida la lectura: "Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir que nuestras minorías se alteren o exciten... La gente quiere ser feliz, ¿no es así?... Bueno, ¿no lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos diversiones?"
Esta otra reflexión de Beatty a Montag define muy bien el pensamiento totalitario: "Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra... Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares... Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos "hechos" que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan... Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o la Sociología para que empiecen a atar cabos...".
Pero Montag sí que empezará a atar cabos, entrará en una espiral de duda y rechazo hacia el sistema para el que trabaja, y entonces descubrirá que la esperanza de un mundo con libros es un sueño posible...
Esta novela es una lectura fundamental (recomendable para alumnos de Secundaria) en la que no solo se nos evoca a los totalitarismos del siglo XX (recuerden la "icónica" imagen de los SA quemando libros en la Alemania nazi; o las listas de libros prohibidos en las dictaduras) sino que también se alerta sobre el peligro de nuevos totalitarismos con nuevos métodos de propaganda y control social (como lo es la televisión). El miedo a que acabemos creyendo lo que nos dicen unos pocos siempre estará ahí. 
La lectura que podemos hacer actualmente es que si pensar nos hace libres, leamos, pensemos y rompamos las cadenas del sistema de pensamiento neoliberal, como hizo Montag.